sábado, 22 de abril de 2017

El tiempo para los niños de Infantil


"Dentro de cinco minutos, nos vamos" le dijo el padre a la niña de 3 años mientras recogía sus juguetes.
Realmente, la niña entendió que debía hacerlo más rápido, pero a ciencia cierta no sabía a lo que su padre se refería, qué significaban esos cinco minutos ni cuánto tiempo es eso, mucho o poco. Seguramente, se basó en el tono del padre para entender que no debía tardar mucho en recoger.

Los niños de Infantil, hasta el final del segundo ciclo no comienzan a conocer la duración del tiempo.
Hasta ese momento, éste es una sucesión de acontecimientos, uno detrás de otro.

El tiempo es un concepto muy abstracto para los niños puesto que es algo que no pueden conocer a través de los sentidos: no se ve, no se toca, no se oye... Teniendo en cuenta esto, os  algunas recomendaciones, tanto si sois padres como si sois profesionales de la educación, para acercarles a las nociones temporales:

  1. Día-noche: Desde que el niño nace, aunque tengamos que seguir sus ritmos, sobre todo al principio, debemos hacer diferenciación entre la noche y el día. Por el día hay más ruido, luz,... y por la noche la oscuridad y el silencio. Esto es fundamental cuando queremos que los niños sigan un ciclo de sueño correcto.
  2. El calendario: Tanto su presencia en casa como en el aula, les puede ayudar a ver cómo los días pasan. Podemos tacharlos, utilizar algún personaje para ir moviéndolo de día en día. Al apuntar los cumpleaños de los compañeros, de la familia, serán conscientes de cómo pasa el tiempo y trabajaremos " la espera" ante los acontecimientos, algo que les servirá para toda la vida (posiblemente realice un post sobre esto)
  3. Ayer-hoy-mañana: Cuando hablamos con un niño de infantil podemos comprobar cómo suelen confundir estos conceptos y cómo les cuesta dar con el tiempo verbal correcto. "Ayer me he ido al médico", "mañana vine al cole"... Nosotros debemos, sin corregirlos directamente, darles la opción correcta. "Ahh que ayer fuiste al médico" "¿mañana vas a venir al cole?" Los niños ven al principio la sucesión de los días como "un todo" en el que van acontenciendo una serie de rutinas. Jugar con ellos a  comentar ¿qué hiciste ayer? ¿ qué has hecho hoy? y ¿qué te gustaría hacer mañana? puede ayudarlos. Si nos apoyamos en dibujos o pictogramas  será mucho más significativo para ellos.
  4. Antes-después. Muchos maestros y educadores seguro que han utilizado las secuencias temporales. Son imágenes de situaciones como el crecimiento de una planta desde la semilla, las escenas principales de un cuento... las cuales los niños deben ordenarlas en función de cómo van sucediendo los acontecimientos, en definitiva, qué ha ocurrido antes y qué ha ocurrido después.
  5. Las rutinas: Aunque a lo largo de nuestra vida son importantes porque establecen el orden en nuestra vida, en la etapa de Educación Infantil son imprescindibles. He observado cambios en la conducta, el sueño... de los niños, sólo modificando el orden de algunas rutinas o estableciéndolas correctamente. Por ello, conviene realizarlas siempre en el mismo orden porque esto le va a dar seguridad al niño, podrá anticipar qué es lo que va a ocurrir, qué puede esperar de la situación, porque por su experiencia, basándose en la repetición a lo largo de los días, siempre ha sucedido lo mismo. A veces comento con los padres que tampoco hay que obsesionarse con las horas (a las 19, 32 baño, a las 20,11 cena...), que lo único que realmente importa es el orden. Por otro lado, no está mal salirse de vez en cuando de la rutina (fin de semana, día especial...), pues los niños también deben enfrentarse a las situaciones sin tener esa certeza de qué es lo que viene después, la incertidumbre y la improvisación también hay que vivirlas​...
  6. Mucho tiempo- poco tiempo: Como en el ejemplo que he propuesto al principio del post, los niños de infantil no saben cuánto dura una situación de manera exacta, pero si pueden percibir si les ha parecido mucho o poco, aunque a veces la motivación y la percepción de los acontecimientos pueden variar el resultado. Por ello, me gusta trabajar con ellos el que cuenten mientras sucede algo ( cuánto tarda en caer una pluma al suelo, en ir un niño al baño...etc). Muchos momentos de nuestra vida cotidiana pueden sernos útiles para ello. Para casos como niños que son más lentos comiendo (por desinterés, no por incapacidad), recogiendo los juguetes...también suelo utilizar el reloj de arena, que es algo muy visual y van viendo cómo se consume la arena de la parte superior poco a poco... Podemos ponerles una medida ( 2 veces le doy la vuelta, 3...) Así verá que si hace las cosas de manera más rápida tardará menos y si va más lento, tardará más
  7. Respeto a sus tiempos. Debemos ser conscientes de la edad que tienen, su destreza al realizar determinadas actividades e intentar no caer en que ellos sigan nuestro ritmo de vida porque ellos llevan otro, más lento y, si nos paramos a pensarlo hasta nosotros deberíamos en algunas ocasiones frenarlo. Un niño disfruta y aprende de lo que ve, de lo que experimenta y, a veces, la motivación o el objetivo inicial del adulto no coincide con la del niño. Os pongo un ejemplo: pasamos cerca de un jardín lleno de flores de muchos colores, que el niño quiere coger, mirar, observar sus características, pero nosotros tenemos mucha prisa porque tenemos que hacer la compra y no nos va a dar tiempo. ¿Qué suele suceder en estos casos? Que se insiste al niño para que deje las flores, le metemos prisa y hasta le llegamos a coger para retirarle de ese estímulo y conseguir el objetivo que nos habíamos planteado desde un primer momento. Para esto y para muchas situaciones, siempre recomiendo a los padres que vayan con un margen de tiempo, que no vayan con el justo, pues esto te da pie a disfrutar con el niño, a solucionar un conflicto de manera adecuada y reaccionar de manera positiva, sin prisa. En este ritmo, estrés que llevamos en esta sociedad caemos en muchos errores por falta de tiempo. Debemos intentarlo y considero que ser conscientes de ello es el primer paso para el cambio. Espero ayudaros en este sentido.
El tiempo es abstracto y relativo hasta para los adultos, pero si ayudamos a los niños a comprenderlo, también aprenderán a valorarlo y respetarlo.

"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo" Mario Benedetti.




sábado, 25 de marzo de 2017

Inteligencia emocional: Las emociones en la vida del niño

Las emociones forman parte de la vida, de nuestro día a día. Todas son necesarias y tienen su función. Por ello, debemos enseñarles a nuestros hijos y alumnos a identificarlas, gestionarlas y vivirlas, todas, sin excepción, incluidas las que consideramos negativas: el miedo, la tristeza, el enfado...
Por sobreprotección, hay una tendencia  a evitar estas últimas: no queremos que estén tristes, que pasen malos ratos... nos gustaría que estuvieran felices y contentos todo el tiempo. Pero esto no es real, la vida no es eso, ni debemos crear la expectativa de que así debe ser.
La vida es un compendio de situaciones que conllevan emociones, momentos agradables, menos agradables y de nosotros depende el cómo gestionarlos para adaptarnos, aceptarlos y aprender en el camino.
Así, en este post,  quiero daros sugerencias sobre cómo trabajar las emociones con los niños:

  • Para identificarlas en uno mismo:
  • Cuando los niños no saben hacerlo todavía, debemos ponerles nombre nosotros "¿qué te pasa estás triste? ¿ te has enfadado?"
  • Un libro que nos puede ayudar a esto es "El monstruo de colores" de Anna Llenas. Donde éste tiene todas las emociones desordenadas y una niña le ayuda a ponerlas cada una en su sitio e identificarlas por colores. También está el "Emocionario". Os dejo este enlace donde podéis ver cómo trabajar con él por tramos de edad.
  • www.palabrasaladas.com/emocionario.html


  • Para reconocerlas en el otro:
  • Podemos hacerles reflexionar acerca de lo que les puede pasar a los demás. "Mira qué contento está tu hermano" "Eso que acabas de hacer no me ha gustado, me has enfadado" "¿Has visto lo triste que se ha puesto tu amigo cuando le has quitado el juguete?"
  • Es importante que sean conscientes de las emociones de los demás, esto les ayudará en sus relaciones sociales pues la interacción con otra persona depende también de las emociones que intervengan.

  • Para expresarlas:
  • Un ejercicio que me gusta mucho es el de expresar cómo nos sentimos, al comenzar el día o al terminar. Como he comentado antes, podemos ayudarles a hacerlo si son muy pequeños, verbalizándolo nosotros.
  • Realizar un diario de las emociones de cada día, donde dibujaremos cómo nos sentimos: con caritas, colores (podemos basarnos en los del "monstruo de colores")...
  • Tener un momento al día de conversación nos puede ayudar y podemos establecer una rutina de comunicación que fomente la confianza.
  • Si queremos que expresen lo que sienten, debemos mostrarnos interesados hacia lo que nos cuentan, escucharles, sin juzgar, dedicarles un tiempo. Esto hará que en un futuro cuando tengan un problema tengan la confianza de contárnoslo.

  • Para gestionarlas:
  • Éste es un aprendizaje que realizaremos a lo largo de nuestra vida, con las situaciones que nos vayamos encontrando. Por ello, como he comenzado hablando en este post, no debemos evitar ciertas situaciones porque nuestros hijos no experimenten emociones, que nosotros consideramos negativas (la tristeza, el miedo, el enfado...). Traducido en situaciones sería lo siguiente: no ceder ante algo que sabemos que el niño no debe hacer, porque se vaya a enfadar o tener una rabieta; no evitar situaciones que le den miedo (no asistir a fiestas porque al niño le den miedo los globos, los payasos...); ocultar información porque el niño se pueda poner triste (no decirle que se ha muerto su mascota).
  • Debemos acompañarles para que aprendan a gestionarlas, pero deben vivenciarlo ellos mismos. Ante una situación como las que he descrito anteriormente, intentaremos racionalizarla y darle una explicación coherente y adaptada a su pensamiento sobre lo que ha pasado y lo que experimenta.
  • Que vean cómo lo hacemos nosotros, cómo también vivimos diferentes emociones,  que no siempre estamos contentos. A veces me preguntan los padres que si hay que ocultarles que lloramos, por ejemplo. No pasa nada porque nos vean llorar en un momento determinado, eso nos hace humanos, los papás también nos ponemos tristes y llorar es una manera de expresarlo. Es una emoción más. Evidentemente, no vamos a cargar al niño con nuestras preocupaciones, pero si podemos decirles que estamos tristes porque hay algo que nos ha puesto así, sin más, pero que no pasa nada, que es algo normal.
  • Somos modelos, ellos copiarán la conductas que realicemos ante determinadas situaciones, que no se nos olvide.
 La educación emocional es tan o más importante que la adquisición de conocimientos porque sin ella no podremos desenvolvernos ni hacerlos útiles. Por tanto, no la dejemos de lado.
"Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto" Aristóteles
                                      
                                                Y tú, ¿cómo estás hoy?


sábado, 11 de febrero de 2017

Deberes: tener o no tener, esa no es la cuestión.


La polémica que ha suscitado el tema de los deberes en este país, ha abierto de nuevo la brecha entre padres y profesores. Y, realmente, quizás no sea éste el verdadero problema de la educación en España. La falta de unidad educativa entre todos los agentes que intervienen en la educación  de nuestros hijos, es patente y, ahí es desde donde deberíamos comenzar a trabajar.

 Pero, partiendo de mi opinión personal, en cuanto al tema que nos ocupa: los deberes; sinceramente, a mí no me parece que deban desaparecer, tienen su función.

Que el alumno sea capaz de:
  • buscar información utilizando distintos recursos*
  • crear un hábito de trabajo diario
  • organizar su tiempo
  • saber cuáles son sus limitaciones y sus dudas respecto a una materia concreta
  • afianzar lo aprendido en clase
  • resolver situaciones y problemas de manera autónoma
  • adquirir recursos de aprendizaje que le servirán para su vida: escolar o personal.

Pero para cumplir todo esto deben ser:

  • Asequibles: que el niño pueda realizarlos por sí mismo, de manera autónoma. Es muy necesario que tenga su momento solo para la realización de estas tareas. Que puedan consultar a los padres una duda, es normal, pero no debemos caer en que éstos se sienten todos los días a hacer los deberes con su hijo. Me he encontrado en alguna ocasión ejercicios realizados perfectamente o corregidos en casa por los padres.¡ No pasa nada si el niño se equivoca o no lo sabe hacer ! Lo importante es que le haya servido para conocer sus limitaciones, o ver que hay algo que no entiende para planteárselo al profesor al día siguiente. También pueden utilizar otros recursos como la consulta a libros, internet, compañeros que dominan mejor la materia...
  • Significativos: que persigan un objetivo real de aprendizaje, que le aporten experiencias que complementen lo que se ha trabajado en el horario lectivo.
  • Dirigidos al momento evolutivo y de aprendizaje en el que se encuentra el niño. Cuanto más personalizados sean mejor, se deberían individualizar de alguna manera, en función de las necesidades educativas de cada niño. ¿Por qué limitar a un niño que puede ir más allá a quedarse estancado en su aprendizaje? ¿u otro que necesita actividades de refuerzo porque no ha asimilado un concepto todavía? Por cuestiones de ratio, sabemos que es difícil, pero de esta manera también podemos llegar a esa enseñanza individualizada y heterogénea que llevamos tiempo persiguiendo.
  • No excesivos. Evidentemente, el que trabajen  en las tareas un tiempo razonable para su edad al día y en el fin de semana, lo veo necesario para crear un hábito de trabajo, responsabilidad y aprender a organizarse el tiempo. En infantil y primaria, deben también tener tiempo para jugar, relacionarse con otros niños, fuera del ámbito escolar, y descansar. Cargar a los niños con tareas, deberes, actividades extraescolares de manera exagerada, les quita de adquirir otros aprendizajes para la vida que son necesarios: las habilidades sociales. Si tenemos muchos conocimientos, pero luego no sabemos transmitirlos, desenvolvernos en el día a día de nuestras vidas... de poco nos van a servir. Por otro lado, propongo que exista una coordinación real entre los profesores que imparten diferentes materias, para no cargar excesivamente a los niños en este sentido.
  • Motivadores. En vez de  una carga, transmitir a los niños algo interesante, un reto, conectar realmente con sus intereses, eso es lo que debemos perseguir.
  • No confundir con otro tipo de actividades en los que se pide la colaboración de las familias. Cuando se pide, por parte de los profesores que hagan actividades juntos (Felicitación de Navidad, figura para una exposición,...) lo que se persigue es que se haga entre todos,  juntos, que pasen ese momento e imaginen cómo lo van a hacer...etc, no hace falta que quede perfecto, ni que sólo lo hagan los padres.


Resultado de imagen de los deberes


Cada uno tendrá su visión y opinión al respecto. Me gustaría que la diéseis en los comentarios del blog.
De todas formas espero haberos dado una visión completa y diferente de este tema, que parece que está de plena actualidad.


*En la búsqueda de información o ayuda, de manera autónoma, por parte de los alumnos, he descubierto una página que se llama TUTORBOX.  Aunque, está más dirigido hacia alumnos de secundaria en adelante, es un recurso para consultar sus dudas de manera inmediata o a corto plazo, donde pueden ser respondidos por tutores profesionales u otros compañeros a los que se les da bien una materia determinada. Parece una buena idea ¿no? 


lunes, 2 de enero de 2017

El miedo en la infancia

Suenan los petardos en esta época de la Navidad,  personas disfrazadas de Papa Noel,  de los Reyes Magos, las luces, la música... Aunque  por un lado pueda parecer mágico, hay niños que pueden tener miedo a  estas situaciones.
Muchos padres y madres intentan evitarles pasar ese mal momento, a veces hasta tal punto, que no asisten a actos o situaciones donde saben que va a existir ese estímulo que pueda producir el miedo en su hijo.

El miedo es una emoción más que el niño debe experimentar, tiene su función en la supervivencia del hombre, ya que nos advierte de situaciones peligrosas para nosotros, pero no hay que huir de él.

Los miedos más comunes en la infancia son los siguientes:

  • A la oscuridad
  • A los perros u otros animales
  • A los globos
  • A las personas disfrazadas
  • A los monstruos
  • Al médico
  • A los ruidos...
Aunque lo ideal es una intervención individualizada por parte de un profesional si llegase el momento, os plantearé en líneas generales cómo deben trabajarse los miedos:

  1. No evitarlos. A nadie le gusta ver a su hijo pasarlo mal, pero evitar no es la solución, hay que enseñarles a enfrentarse a sus miedos. A veces se instauran miedos por cómo han actuado los padres al respecto. En esos primeros momentos hay que intentar estar hasta que pase el momento que le de miedo o se vaya adaptando a la situación. Si salimos huyendo, reforzamos el pensamiento de que la situación es peligrosa.
  2. Nuestra actitud también es importante. Depende de cómo nosotros reaccionemos ante el miedo de nuestro hijo: si nos ponemos nerviosos, si le sacamos de dónde esté, si anticipamos la situación ( "mira hay un payaso, ya verás cómo se pone a llorar")
  3. Racionalizar ese miedo: Se suele tener miedo a la situación que todavía no ha ocurrido, por ello debemos razonarle que no tiene por qué pasar lo que está pensando.
  4. Acercarle poco a poco al estímulo que le da miedo, acompañarle es importante, no tiene por qué enfrentarse él solo. Dividir la actividad en pasos y/o aumentar progresivamente el tiempo (Desensibilización sistemática). Si le dan miedo los perros: primero tocarle el lomo sin que vea la cara del animal, después  viéndole, así hasta que ya no necesite que vayamos con él y quiera tocarlo él sólo.
  5. Dialogar acerca de su miedo. No ha que decirles que no tengan miedo, más bien la frase más correcta sería "Sé que tienes miedo, te entiendo, es normal, pero vas a ver que no pasa nada de lo que crees que va a pasar". Hablar de cómo se sienten les ayudará a poner nombre a la emoción, a comprenderla y establecerá una comunicación de confianza entre nosotros.
  6. Cuando el niño se haya enfrentado a la situación, hacerle consciente del paso tan importante que ha dado y cómo efectivamente no ha ocurrido nada peligroso. "Estoy muy orgullos@ de ti, ¿a qué estás más contento?, ¿has visto como no ha pasado nada?"
  7. Hablarle de nuestros miedos y cómo nos enfrentamos a ellos. Normalizando el sentir miedo, que aunque no sea agradable, es una emoción también necesaria.
  8. Si el miedo bloquea al niño de tal manera que le afecte a distintos ámbitos de su vida, es recomendable consultar con un especialista.
Post tras post, os propongo posibilidades de actuación ante determinadas dificultades, dudas que os pueden surgir... Pero recordad que no hay recetas mágicas, es decir, hay muchas maneras de hacerlo y cada uno debe dar con el más adecuado para su hijo. Nadie mejor que vosotros les conocéis.
Espero que una vez más os haya podido ayudar con la información que os planteo en el primer post del año.