sábado, 11 de febrero de 2017

Deberes: tener o no tener, esa no es la cuestión.


La polémica que ha suscitado el tema de los deberes en este país, ha abierto de nuevo la brecha entre padres y profesores. Y, realmente, quizás no sea éste el verdadero problema de la educación en España. La falta de unidad educativa entre todos los agentes que intervienen en la educación  de nuestros hijos, es patente y, ahí es desde donde deberíamos comenzar a trabajar.

 Pero, partiendo de mi opinión personal, en cuanto al tema que nos ocupa: los deberes; sinceramente, a mí no me parece que deban desaparecer, tienen su función.

Que el alumno sea capaz de:
  • buscar información utilizando distintos recursos*
  • crear un hábito de trabajo diario
  • organizar su tiempo
  • saber cuáles son sus limitaciones y sus dudas respecto a una materia concreta
  • afianzar lo aprendido en clase
  • resolver situaciones y problemas de manera autónoma
  • adquirir recursos de aprendizaje que le servirán para su vida: escolar o personal.

Pero para cumplir todo esto deben ser:

  • Asequibles: que el niño pueda realizarlos por sí mismo, de manera autónoma. Es muy necesario que tenga su momento solo para la realización de estas tareas. Que puedan consultar a los padres una duda, es normal, pero no debemos caer en que éstos se sienten todos los días a hacer los deberes con su hijo. Me he encontrado en alguna ocasión ejercicios realizados perfectamente o corregidos en casa por los padres.¡ No pasa nada si el niño se equivoca o no lo sabe hacer ! Lo importante es que le haya servido para conocer sus limitaciones, o ver que hay algo que no entiende para planteárselo al profesor al día siguiente. También pueden utilizar otros recursos como la consulta a libros, internet, compañeros que dominan mejor la materia...
  • Significativos: que persigan un objetivo real de aprendizaje, que le aporten experiencias que complementen lo que se ha trabajado en el horario lectivo.
  • Dirigidos al momento evolutivo y de aprendizaje en el que se encuentra el niño. Cuanto más personalizados sean mejor, se deberían individualizar de alguna manera, en función de las necesidades educativas de cada niño. ¿Por qué limitar a un niño que puede ir más allá a quedarse estancado en su aprendizaje? ¿u otro que necesita actividades de refuerzo porque no ha asimilado un concepto todavía? Por cuestiones de ratio, sabemos que es difícil, pero de esta manera también podemos llegar a esa enseñanza individualizada y heterogénea que llevamos tiempo persiguiendo.
  • No excesivos. Evidentemente, el que trabajen  en las tareas un tiempo razonable para su edad al día y en el fin de semana, lo veo necesario para crear un hábito de trabajo, responsabilidad y aprender a organizarse el tiempo. En infantil y primaria, deben también tener tiempo para jugar, relacionarse con otros niños, fuera del ámbito escolar, y descansar. Cargar a los niños con tareas, deberes, actividades extraescolares de manera exagerada, les quita de adquirir otros aprendizajes para la vida que son necesarios: las habilidades sociales. Si tenemos muchos conocimientos, pero luego no sabemos transmitirlos, desenvolvernos en el día a día de nuestras vidas... de poco nos van a servir. Por otro lado, propongo que exista una coordinación real entre los profesores que imparten diferentes materias, para no cargar excesivamente a los niños en este sentido.
  • Motivadores. En vez de  una carga, transmitir a los niños algo interesante, un reto, conectar realmente con sus intereses, eso es lo que debemos perseguir.
  • No confundir con otro tipo de actividades en los que se pide la colaboración de las familias. Cuando se pide, por parte de los profesores que hagan actividades juntos (Felicitación de Navidad, figura para una exposición,...) lo que se persigue es que se haga entre todos,  juntos, que pasen ese momento e imaginen cómo lo van a hacer...etc, no hace falta que quede perfecto, ni que sólo lo hagan los padres.


Resultado de imagen de los deberes


Cada uno tendrá su visión y opinión al respecto. Me gustaría que la diéseis en los comentarios del blog.
De todas formas espero haberos dado una visión completa y diferente de este tema, que parece que está de plena actualidad.


*En la búsqueda de información o ayuda, de manera autónoma, por parte de los alumnos, he descubierto una página que se llama TUTORBOX.  Aunque, está más dirigido hacia alumnos de secundaria en adelante, es un recurso para consultar sus dudas de manera inmediata o a corto plazo, donde pueden ser respondidos por tutores profesionales u otros compañeros a los que se les da bien una materia determinada. Parece una buena idea ¿no? 


lunes, 2 de enero de 2017

El miedo en la infancia

Suenan los petardos en esta época de la Navidad,  personas disfrazadas de Papa Noel,  de los Reyes Magos, las luces, la música... Aunque  por un lado pueda parecer mágico, hay niños que pueden tener miedo a  estas situaciones.
Muchos padres y madres intentan evitarles pasar ese mal momento, a veces hasta tal punto, que no asisten a actos o situaciones donde saben que va a existir ese estímulo que pueda producir el miedo en su hijo.

El miedo es una emoción más que el niño debe experimentar, tiene su función en la supervivencia del hombre, ya que nos advierte de situaciones peligrosas para nosotros, pero no hay que huir de él.

Los miedos más comunes en la infancia son los siguientes:

  • A la oscuridad
  • A los perros u otros animales
  • A los globos
  • A las personas disfrazadas
  • A los monstruos
  • Al médico
  • A los ruidos...
Aunque lo ideal es una intervención individualizada por parte de un profesional si llegase el momento, os plantearé en líneas generales cómo deben trabajarse los miedos:

  1. No evitarlos. A nadie le gusta ver a su hijo pasarlo mal, pero evitar no es la solución, hay que enseñarles a enfrentarse a sus miedos. A veces se instauran miedos por cómo han actuado los padres al respecto. En esos primeros momentos hay que intentar estar hasta que pase el momento que le de miedo o se vaya adaptando a la situación. Si salimos huyendo, reforzamos el pensamiento de que la situación es peligrosa.
  2. Nuestra actitud también es importante. Depende de cómo nosotros reaccionemos ante el miedo de nuestro hijo: si nos ponemos nerviosos, si le sacamos de dónde esté, si anticipamos la situación ( "mira hay un payaso, ya verás cómo se pone a llorar")
  3. Racionalizar ese miedo: Se suele tener miedo a la situación que todavía no ha ocurrido, por ello debemos razonarle que no tiene por qué pasar lo que está pensando.
  4. Acercarle poco a poco al estímulo que le da miedo, acompañarle es importante, no tiene por qué enfrentarse él solo. Dividir la actividad en pasos y/o aumentar progresivamente el tiempo (Desensibilización sistemática). Si le dan miedo los perros: primero tocarle el lomo sin que vea la cara del animal, después  viéndole, así hasta que ya no necesite que vayamos con él y quiera tocarlo él sólo.
  5. Dialogar acerca de su miedo. No ha que decirles que no tengan miedo, más bien la frase más correcta sería "Sé que tienes miedo, te entiendo, es normal, pero vas a ver que no pasa nada de lo que crees que va a pasar". Hablar de cómo se sienten les ayudará a poner nombre a la emoción, a comprenderla y establecerá una comunicación de confianza entre nosotros.
  6. Cuando el niño se haya enfrentado a la situación, hacerle consciente del paso tan importante que ha dado y cómo efectivamente no ha ocurrido nada peligroso. "Estoy muy orgullos@ de ti, ¿a qué estás más contento?, ¿has visto como no ha pasado nada?"
  7. Hablarle de nuestros miedos y cómo nos enfrentamos a ellos. Normalizando el sentir miedo, que aunque no sea agradable, es una emoción también necesaria.
  8. Si el miedo bloquea al niño de tal manera que le afecte a distintos ámbitos de su vida, es recomendable consultar con un especialista.
Post tras post, os propongo posibilidades de actuación ante determinadas dificultades, dudas que os pueden surgir... Pero recordad que no hay recetas mágicas, es decir, hay muchas maneras de hacerlo y cada uno debe dar con el más adecuado para su hijo. Nadie mejor que vosotros les conocéis.
Espero que una vez más os haya podido ayudar con la información que os planteo en el primer post del año.






sábado, 26 de noviembre de 2016

Dudas de papás en...La Escuela de Padres con Talento de Óscar González


Con este post inauguro una nueva etiqueta:  "Dudas de papás en...".
Me gustaría ir escribiendo acerca de actos relacionados con la educación a los que asista, para dar mi impresión al respecto o recomendarlos si así lo considero.

El día 19 de noviembre tuve la suerte de asistir a la Escuela de Padres con Talento de Óscar González en el colegio de la Presentación de Nuestra Señora de Madrid.

Óscar González es profesor de Educación Primaria en activo, director de Alianza Educativa, director general de la Escuela de Padres con Talento, escritor y conferenciante.

Desde hace tiempo le sigo, he leído artículos suyos y me gusta mucho la línea que lleva en educación.
Como podéis ver tenéis el enlace de su blog en el lateral derecho, en la lista de blogs que sigo.

Tenía muchas ganas de verle en directo y, desde luego, no me defraudó. Aparte de ser una persona muy accesible, hizo que las cerca de tres horas que duró la conferencia se pasarán volando. Alternando su intervención, con la participación de los padres y vídeos para reflexionar.

En líneas generales os transmitiré las ideas que destacaría de esta jornada:
  • La importancia del trabajo en equipo. Todos los agentes educativos  debemos seguir la misma línea educativa, no estar enfrentados . A nivel familiar, los padres y madres debemos actuar como un equipo con criterios educativos previamente hablados y pactados. Y a nivel escolar, la escuela y la familia deben ir de la mano, no culparnos en una u otra dirección de los resultados sino buscar entre ambos una solución. Y, para ello, la comunicación es el camino.
  • No hay un camino único para educar. Actualmente, hay muchas corrientes pedagógicas  a las que nos podemos acoger. Pero, ¿ cuál es la mejor?. O mejor dicho, ¿por qué limitarnos a una cuando podemos coger lo mejor de cada una? Simplemente, hay que adaptarse a las necesidades de nuestros hijos o alumnos e ir viendo a través de la práctica educativa cuál se ajusta más a su personalidad y da mejor resultado.
  • Actualizarse para responder a las necesidades de nuestros hijos. La sociedad no es estática, va cambiando. Por ello, no podemos limitarnos a la educación que nosotros hemos recibido, pues van surgiendo nuevas situaciones que antes nos se daban y de las que no tenemos referencia, como por ejemplo, el uso de los móviles, internet, las tablet... Estar informados y formados, con respecto a ellas, facilitará nuestra labor y nos ayudará a enseñarlas a utilizar con criterio y establecer los límites adecuadamente.
  • Aprender significa también equivocarse. Ser padres no significa que debamos ser perfectos, que no nos podamos equivocar, eso es humano. Nadie nace sabiendo qué es lo que debe hacer como padre, vamos aprendiendo sobre la marcha y, tenemos a los mejores maestros del mundo: nuestros hijos. Esa humildad y humanidad se la debemos transmitir a ellos y, si en algún momento tenemos que pedirles disculpas, hacerlo. No vamos a ser menos, al contrario, les vamos a transmitir una de las enseñanzas más importantes para la vida : erramos y del error viene el aprendizaje y la búsqueda de nuevas alternativas.
  • Somos modelos de comportamiento. El "haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga" no funciona. Si queremos que nos escuchen, debemos escuchar. Si queremos que resuelvan conflictos de manera positiva, debemos hacerlo nosotros primero. Así es, a veces hay que poner el foco de atención sobre nosotros mismos, no sobre el niño. En ocasiones, es más importante trabajar y formar a los padres para modificar conductas en los hijos.
  • La importancia de poner límites y decir "no". Educar es también decir que "no"; porque la vida nos lo va a decir muchas veces y si no estamos preparados ni acostumbrados no nos adaptaremos adecuadamente a las situaciones. En cada casa, en cada aula, en cada sociedad existen unas normas que deben cumplirse, esto ayudará al niño a tener una mayor seguridad. Óscar nos ponía el ejemplo de una noche con lluvia, en un coche, la  diferencia en nuestra propia seguridad de ir por una carretera con los límites-líneas bien marcadas a una que no sabemos ni donde termina ni nos marca por dónde ir. Hace poco leí un artículo de educación positiva y respetuosa  de Carmen Fernández, especialista en disciplina positiva, que me gustó mucho, donde comentaba, entre otras cosas, que el ser permisivo es ser irrespetuoso con el niño.  En el término medio está la virtud, ni autoritarios ni permisivos.


Aunque en la explicación de las ideas de esta jornada he aportado un poquito de mi visión, se percibe
la línea educativa realista, humilde y cercana  que nos quiere transmitir Óscar González.
Muchas gracias por aportar tu granito de arena en la renovación de la educación.

Termino con esta frase muy acertada de la sesión "A educar se aprende educando"

lunes, 24 de octubre de 2016

De la teta a la escuela: adaptación a una nueva situación

Quisiera dejar claro desde el primer párrafo de este post, que no quiero hacer una crítica a las corrientes de crianza que están en pleno auge como el colecho, el porteo o la lactancia prolongada.
Esa no es mi intención. Pero sí que quiero ayudar a aquellas parejas que las practican a que la adaptación a la escuela infantil sea lo más positiva y satisfactoria para su hij@.

Estas corrientes son propicias cuando la madre, sobre todo ella, no trabaja porque dados los horarios de no-conciliación que tenemos, se hace muy difícil alargarlo en el tiempo.

Cuando la madre se reincorpora al trabajo, surge la necesidad de matricular a los niños en escuelas infantiles, como una de las múltiples opciones, para que el niño esté estimulado y cuidado a lo largo de la jornada en la que sus padres faltan. ¿ y cómo hacemos para cambiar estos hábitos o modificarlos ya que éstos no van a poder llevarse a cabo en la escuela?

Para hacerlo os doy las siguientes recomendaciones:

  • El paso al biberón: Puesto que habrá que darle varias tomas al día, en el caso de los más pequeños, es importante que antes de incorporarse a la escuela el niño ya haya probado y aceptado tomar la leche materna en biberón. No debemos esperar al último momento, ni dejar que aprenda a hacerlo cuando se esté adaptando. Por lo menos, quince días antes de que comience, le quitaremos alguna toma del pecho para darle el biberón. En el mercado, hay muchos biberones cuyo mecanismo se asemeja a la succión del pezón. También existen pezoneras de silicona para que se acostumbren al tacto.

  • Dormir en la cuna: Los niños que duermen en brazos o hacen colecho con sus padres tendrán que acostumbrarse a dormir en la cuna o camitas de la escuela. Debemos comenzar a trabajar desde casa el que vayan durmiendo en sus cunas con nuestro contacto  (poniéndole la mano encima, a ratos)  en el momento de la siesta.

  • Tiempo para todos: Es lógico que sus necesidades no sean cubiertas automáticamente, puesto que estarán acompañados de otros compañeros, pero el que esperen es un aprendizaje que también deben adquirir que les ayudará en la vida. En casa, intentaremos no atenderles inmediatamente, esperar un tiempo razonable si no es urgente.

  • Los objetos de apego pueden ayudarles en esta transición. Un peluche, un dudu,  una gasa con el olor a su madre.
Si seguimos estas pautas y las llevamos a cabo antes de que el niño comience en la escuela le ayudaremos a que su adaptación sea más rápida. Eso y nuestra actitud positiva ante este cambio.

Os pongo otros dos enlaces sobre el período de adaptación, que os pueden ayudar:





Muchas gracias por leerme !!!!

miércoles, 19 de octubre de 2016

La onicofagia: el hábito de morderse las uñas

Si miramos a nuestro alrededor, seguramente habrá muchas personas que conozcamos que padezcan onicofagia.

¿Onico qué? Bueno, fuera del lenguaje técnico, se refiere al hábito de morderse las uñas de algunas personas.

Las consecuencias físicas son evidentes y pueden afectar a nuestra salud con la aparición de hongos, infecciones,...

Por otro lado, puede afectarnos psicológicamente puesto que puede minar nuestra autoestima, hacer que nos mostremos más inseguros por la apariencia que mostramos a los demás.

Es un comportamiento compulsivo que puede surgir por diversas causas  que si las conocemos puede que nos ayuden a controlar y extinguir esta conducta. Entre las más comunes se encuentran las siguientes:

  • Situaciones de nerviosismo, estrés. Lo utilizan para calmarse, para rebajar la ansiedad
  • Cambios en la familia: nacimiento de un hermano, cambio de casa, separación...
  • Pueden ser reflejo de situaciones extremas: abuso, acoso, maltrato...(Cuidado: son casos puntuales, no pensemos que si mi hijo se muerde las uñas es porque está pasando por una situación de ese tipo, puesto que habría que tener en cuenta otros factores) 
  • Imitación de algún familiar
  • Tipo de personalidad que favorece su aparición: perfeccionistas, tímidos...
  • Llamada de atención: Si el niño lo ha hecho alguna vez y le hemos regalado, puede ser que cuando quiera nuestra atención repita la conducta.
  • Puede comenzar como experimentación sin más e instaurarse como un hábito que se emplea como recurso en determinadas situaciones.
Algo positivo de esta conducta es que se puede extinguir con una intervención adecuada.

A continuación os propongo pautas generales para hacerlo, pero siempre tened en cuenta que son eso, generales. Siempre recomiendo asistir a la consulta de un especialista si fuera necesario, ya que la intervención cuanto más individualizada, será más efectiva y tendrá mayor probabilidad de éxito.

Aunque este hábito lo tienen también los adultos, donde éste esta ya muy instaurado, las pautas que doy a continuación son para la etapa de infantil y primaria, para trabajar esos primeros momentos en los que comienzan a morderse las uñas.

  1. Dar un tiempo de margen, no decirles nada, observar sin más. En ocasiones se trata de mera exploración, puntual, que carece de importancia. Si el comportamiento continua, actuar.
  2. Ver cuáles son los momentos en los que se produce la conducta, para anticiparlos y darle alternativas. La mayoría de las veces son momentos ociosos, donde el niño no está haciendo nada productivo.
  3. Ver las situaciones que le pueden provocar ansiedad y darle los recursos necesarios para gestionarlas.
  4. Cuando veamos la conducta, darle un objeto, pedirle que haga algo para distraerle.
  5. Si sigue pasando el tiempo y no vemos mejoría, hacerle consciente de lo que está haciendo y contarle los efectos negativos en su salud de su comportamiento.
  6. Hacerle consciente de lo que hace y darle recursos para que cambie la conducta. Ejemplo: Le decimos al niño. "Cuando vayas a meterte el dedo en la boca o te lo hayas metido, piensa o dí "no, no, no" y sácatelo de la boca"
  7. Premiarle por sus avances: Ofrecerle algo que les motive mucho: a través de registro de conducta o economía de fichas. Se les dirá que si tienen una rayita blanca (lo que sobresale de la uña cuando crece)  en cada una, se les premiará. Algo que suele funcionar bastante es pintarles las uñas del color que quieran. Incluso podemos hacerlo de manera progresiva, sólo pintando la uña que no está mordida, hasta que completen toda la mano.
  8. Hay algunos productos farmacéuticos que van dirigidos a estos casos, como líquidos que saben mal. Aunque a veces funcionen, yo más que utilizarlos para que se extinga la conducta los utilizaría, en principio, para hacer al niño consciente de la misma, ya que a veces está muy automatizada.
  9. El que realice deporte o actividades como el teatro, dependiendo de la personalidad de cada niño puede ayudarle a canalizar  su energía de otra manera.
Resultado de imagen de morderse las uñas





Espero que os haya gustado este post. En la esquina superior de la derecha tenéis el botón para votar al blog en los premios Bitácoras 2016. Queda muy poco para poder votar (10 días). Y si te gusta el blog, te ha ayudado en algún momento y crees que se merece este reconocimiento ¡vótalo!









lunes, 10 de octubre de 2016

Ni el mayor, ni el pequeño, ¡Soy el mediano!

Aunque la media de hijos por familia es de 1,33, lo cierto es que todavía hay algunos valientes que se aventuran a tener no dos, sino ¡tres hijos! Algo loable teniendo en cuenta las medidas de conciliación tan maravillosas que tenemos, los gastos que supone un sólo hijo y la vida que llevamos tan estresante.
Pero cuando se toma la decisión de tener el tercero, una preocupación constante puede aparecer en la mente de los futuros papás de familia numerosa:¿ cómo hacemos con el hijo mediano?¿lo pasará mal?¿es cierto que les cuesta encontrar su sitio?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en educación no hay reglas matemáticas y que el éxito de la misma reside en la adecuación de los recursos que utilicemos a la personalidad de nuestro alumn@/ hij@. Por lo tanto, debemos tener presente lo siguiente:

  • Todos venimos marcados por el TEMPERAMENTO que es la manera de pensar, actuar que nos viene dada de manera innata, es de origen genético y no se puede cambiar.
  • Por otro lado, nos encontramos con el CARÁCTER: Es el resultado de la influencia que ejercen en nosotros las experiencias que vivimos, la educación,..Por lo tanto, puede modificarse. Aquí es donde puede afectar el hecho de haber nacido en un orden determinado en la familia, pero evidentemente, no es lo único.
Así mismo, según  el psicólogo austriaco Alfred Adler parece que los hermanos medianos tienden a ser, por lo que les toca vivir, más creativos, independientes y críticos.

Para disipar las dudas y miedos que pueda haber al respecto y que el hermano mediano se adapte de la mejor manera posible a su nuevo estatus, os propongo las siguientes pautas de actuación:

  • Con el nacimiento del nuevo hermano debemos trabajar el tema de los celos como con otro niño. Para ello os dejo el enlace del artículo que escribí hace tiempo al respecto: Los celos ante la llegada de un nuevo hermano
  • Desarrollar su creatividad: a través del juego, la pintura, la danza, la música...
  • Les suele gustar mucho colaborar, así que si le damos responsabilidades en casa, se sentirán importantes
  • Dejar que nos sorprenda: No demos todo por sentado. Si observamos más que etiquetar y pensar " mi hijo es así..." quizás veamos muchas cualidades que nos sorprendan y que podremos destacar de manera positiva.
  • Dedicarle un tiempo. El tiempo se reduce, pero no debe desaparecer ese momento con él/ella, para leer un cuento, dibujar, construir... Hay que gestionar el tiempo mejor.
  • Reforzarle positivamente: Destacar todo lo bueno que tiene, cuando hace las cosas bien. La autoestima se forja partiendo de lo que lo que pensamos de nosotros mismos y lo que nos dicen los demás. Esto le dará mayor seguridad.
  • Apoyarle en la consecución de sus objetivos. A veces necesitan ver que consiguen las cosas que se proponen para sentirse valorados.
  • No comparar entre hermanos. Somos únicos y cada uno vive sus experiencias. Lo que vale para uno, no tiene por qué valer para todos. Cada uno hace las cosas desde su momento de desarrollo. Si no comparamos, es más fácil evitar la competición.
  • Ayudarle a tolerar la frustración. En ocasiones, no llegaréis a todo y no podréis atenderle en el momento. No os sentáis culpables, este también es un aprendizaje. http://dudasdepapas.blogspot.com.es/2015/04/el-manejo-de-la-frustracion-en-los-ninos.html
  • Transmitirle seguridad. Si nosotros mismos estamos preocupados por cómo reaccionará y le contagiamos nuestra ansiedad podemos hacer un problema donde antes no existía.
Cada uno tiene su sitio, su personalidad, somos únicos. Si así se lo hacemos saber el ser el mediano no será algo negativo, sino un lugar más.



martes, 13 de septiembre de 2016

Los mordiscos: un recurso por falta de recursos


Mi hija ayer mordió. Nunca lo había hecho. Me disgusté sí, me enfadé con ella, pero al menos yo tengo una información que no tienen otros padres y un conocimiento que me ayuda a entenderla en determinados momentos.

La situación era la siguiente: Mi hija quería un juguete, que una niña mayor no le dejaba, lo intentó de varias maneras (diciéndoselo, gritando, tirando del juguete...) hasta que de la misma impotencia se le debió ocurrir morder. Reacción primaria donde las haya.

No estuvo bien, no la justifico, la puse" tiempo fuera" y después hablé con ella: qué es lo que había ocurrido, cómo esa no era la manera de solucionar el conflicto y le di alternativas para que en el próximo conflicto no reaccionara así.

Con este artículo me gustaría que conociérais las causas de este tipo de conducta y cómo modificarla, tanto si es nuestro hijo el que la manifiesta o si al nuestro le muerden.

En este sentido, confiad en l@s educador@s de vuestros hijos; ellas tienen formación para enfrentarse a este tipo de situaciones y solucionarlas, y si necesitan un poquito más de ayuda para eso estamos las psicopedagogas.

¿Por qué  muerden algunos niños?

Morder es una reacción primaria como arañar, empujar, dar patadas... Suelen darse ante la impotencia de resolver una situación de otra manera, es decir, cuando no se tienen otros recursos.

Los niños con un lenguaje limitado, o poco dominio del mismo, están más predispuestos a este tipo de conductas. Por eso, a partir del año (edad orientativa) y hasta los tres, es la etapa en la que habrá más probabilidad de que aparezcan.

Las causas más comunes son las siguientes:

- Exploración. Algunos niños todavía necesitan explorar los objetos a través de la boca y, a veces, se meten la mano del compañero y muerden.

-Tipo de juego. Cuando en casa jugamos dando mordisquitos a nuestro hijo, éste traslada este aprendizaje a los distintos ámbitos de su vida. Intentará jugar de esta manera con sus compañeros, pero a veces no controlan ese mordisco.

- Resolución de un conflicto. No se nos puede olvidar que los niños de infantil se encuentran en una etapa egocéntrica, donde no son conscientes de los sentimientos del otro. Por lo tanto, cuando quieren algo intentarán conseguirlo con los recursos que disponga y reacciones primarias como los mordiscos.

- Lenguaje oral limitado. Si algo no lo pueden conseguir a través del lenguaje oral, lo harán a través de su cuerpo. Si quieren un juguete, empujarán, morderán para conseguirlo

- Ansiedad, impotencia. En situaciones extremas es más fácil que surjan este tipo de comportamientos.




Cómo actuar ante los mordiscos



- Hacerle ver al niño que su conducta no es la adecuada, a través del “ time out” o “tiempo fuera” ( técnica de modificación de conducta que consiste en sacar al niño de la actividad o situación en la que ha actuado de manera disruptiva. Cuidado: no se le lleva a otra habitación, el niño debe ver qué es lo que ya no puede hacer o se está perdiendo por su conducta, si no no funciona)


- Hacerlo de manera automática: sin avisos, conducta- consecuencia de manera automática.


- Darle los recursos de relación correctos: que de un beso al niño al que ha mordido, ejemplificarle cómo debería pedir las cosas o a quién acudir si lo necesita.


- Si sabemos en qué situaciones se puede dar el conflicto, anticiparlas, y si intenta morder llamarle la atención o separarle antes de que lo haga.


- Reforzar positivamente las conductas deseadas y logros del niño en otros aspectos. Conviene no destacar sólo lo negativo, ni etiquetar.


- Evitar juegos en familia en los que los mordiscos sean una forma de relacionarse, pues luego trasladan ese juego al resto de ámbitos, como la escuela, el parque...


Espero que este artículo os haya ayudado a entender un poco más el pensamiento infantil y las conductas que de él derivan.

Si queréis contar alguna experiencia hacedlo en los comentarios del artículo.