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domingo, 29 de marzo de 2020

¿Quitamos el pañal? Pautas para identificar el momento y acompañar el proceso




Sabéis que muchas de mis entradas se basan en situaciones que vivo en mi profesión, con mi familia...de la "vida real", de lo que nos puede preocupar a los padres y madres y cómo poder ayudarnos.
Por ello, os comento lo que me ha sucedido en estos días y que me ha hecho plantearme que, como en mi caso, puede haber muchas familias a las que este confinamiento les haya pillado en estas circunstancias y también les preocupe "el tema del pañal".
Mi hijo tiene dos años y medio, en septiembre comienza el cole y, ya viendo ciertas conductas que me podían indicar que está preparado para quitarle el pañal, me he decidido a quitárselo y, la verdad, considero que ha sido un acierto: lo está consiguiendo y está muy motivado.

Me ha parecido un momento muy adecuado para hacerlo porque:

  • Estamos en un entorno conocido.
  • Ya hemos establecido las rutinas del día a día, y parece que están adaptados a la nueva situación.
  • Tenemos más tiempo para ellos.
  • Al estar en casa todo el día, tiene a su disposición el baño en cada momento que lo necesite.
  • Si lo consigue, será un refuerzo increíble para su autoestima y además tiene una motivación cada día para superarse, avanzar...
Si quieres ver cómo lo puedes hacer tú, sigue leyendo....



Pero, ¿cuáles son los indicadores para saber si podemos iniciar este proceso?


  • la edad: Aunque no se puede generalizar porque hay niñ@s que comienzan antes o después, en torno a los dos años suele ser el momento.
  • una motricidad adecuada para poder vestirse, desvestirse, bajarse la ropa interior, poder sentarse solo en el orinal, subirse a la taza con el adaptador...
  • un nivel de lenguaje que le pueda ayudar a expresar sus necesidades: pueden ser sólo palabras (pis...caca) no hace falta que construya las frases de manera correcta.
  •  vemos que retiene el pis más que antes ya no hace tantas micciones al día sino que las va agrupando en otras de mayor cantidad y más distanciadas en el tiempo.
  • se siente molesto  y nos lo hace saber o nos llama la atención cuando micciona o defeca.
 CUIDADO: hay que basarnos sobre todo en el desarrollo evolutivo del niño. Y un niño muy inmaduro, no debería comenzar a realizar el control de esfínteres. Por otro lado, si se espera demasiado podemos hacer que pierda el interés. Por eso estos indicadores os pueden ayudar a identificar el momento apropiado.

Pero hay uno que he preferido destacarlo, pues debe ser primordial: la MOTIVACIÓN.

No podemos comenzar este proceso con un/a niñ@ al que no le motiva sentarse en el baño, que se niega a hacerlo, no le se puede obligar. 
Si vemos que no quiere sentarse, no nos enfadamos, ni le decimos nada, sugerimos, no obligamos. Ya llegará su momento, quizás no es este.

Hay algunos peques a los que les llama la atención este tema, nos piden que quieren hacerlo pero hay otros que no, por ello, sin obligar podemos motivarles nosotros y ver si quieren iniciarse en este proceso. Por ejemplo:

PUEDO MIRAR TU PAÑAL? | GUIDO VAN GENECHTEN | Comprar libro ...- Yendo al baño con nosotros, les llama mucho la atención cómo lo hacemos, les suele hacer mucha gracia: cómo suena, tirar de la cadena, decirle adiós al pis... etc. Aprendemos por imitación por lo que pueden querer comenzar a hacerlo para ser como papá o mamá.

- Leyéndoles cuentos sobre el tema: Por ejemplo,"¿Puedo mirar tu Pañal? de la editorial SM puede ser muy motivador.


-Si tienen hermanos mayores éstos les suelen animar a hacerlo también, por modelado, y además para ellos son su referente más cercano, quieren ser como ellos.



El PROCESO para quitar el pañal que yo os propongo es el siguiente:


Vamos a acompañarles en el proceso, no obligamos, debe ser algo que fluya y bastante natural.

Podemos seguir uno de los dos métodos que propongo, aunque hay más maneras de hacerlo, que podemos adaptar según  el peque, como vamos a ir respetando sus ritmos, éste nos va a ir marcando qué es lo que necesita.
Tengo dos hijos y cada uno lo ha hecho de manera distinta. Son los siguientes:

  • Si acepta quitarse el pañal directamente:
  1. Le dejaremos sin él, todo el día, menos en la siesta y para dormir.
  2. Le pondremos braguitas o calzoncillos, algo que les motiva muchísimo y, si tenéis la oportunidad de ofrecerles de algún personaje que les guste, más.
  3. Si quiere estar mucho tiempo sentado en el orinal o adaptador, respetárselo. Así hay más probabilidad de que consiga hacer su primer pis y a partir de ahí... la progresión suele ser positiva, es decir, cada vez hace más pises en el baño y va controlando el esfínter. No os preocupéis por la caca, suelen tardar más en controlarla.
  4. Cuando haga pis o caca, hacerle una gran fiesta, saltamos, cantamos, le damos besos, es un avance muy importante para ellos, así que debemos valorárselo y transmitirles que nos importa tanto como a ellos.
  5. Recordadle, de vez en cuando, si quiere ir al baño, dónde está y qué recuerde que puede ir cuando quiera, que podemos acompañarle si lo necesita y que es importante que cuando note que tiene ganas que se aguante hasta que llegue.
  6. Se manchará y tendremos que cambiarle varias mudas, es normal. No le regañaremos, lo normalizaremos y le diremos que se quite la ropa y que se vaya poniendo la nueva. " No pasa nada, ya verás como lo conseguiremos". Debe ser algo positivo. el niño no debe sentirse culpable por hacérselo encima, está aprendiendo, no lo controla todavía. Cada vez se irá manchando menos,
  • Si no acepta estar todo el tiempo sin él:

Es normal, tenemos que tener en cuenta que le ha acompañado durante mucho tiempo, por lo que para ellos es extraño no tenerlo, son sensaciones diferentes, que no conocen y que puede causarles hasta miedo.

Por ello, en este caso lo haremos de manera gradual:

Este método lo dividiré en tres semanas, pero se puede adelantar , cambiar a la siguiente fase o permanecer más tiempo en un punto si vemos que el niño lo necesitase:


Primera semana: 1hora por la mañana y otra por la tarde. Intentaremos que coincida con alguna rutina que el niño pueda asociar (después del desayuno hasta que vemos  un cuento por las mañanas) Le quitamos el pañal durante ese tiempo. Cuando se lo quitemos le sugerimos que esté en el orinal un ratito, no toda la hora ¿eh? y cuando se lo volvamos a poner, otra vez. Si nos lo pide pues también, que vea que estamos interesados. A veces quieren estar constantemente sentados, aunque no salga nada, dejadle, no pasa nada, está motivado, eso es buena señal. Si vemos que va muy bien en dos o tres días pasar a la siguiente fase.

Segunda semana: 2 horas por la mañana y otras 2 por la tarde. Lo mismo que en la anterior pero le ponemos una vez más entre hora y hora si no nos lo pide.Si va fenomenal, pasar a la siguiente fase aunque no haya pasado una semana.

Tercera semana: Toda la mañana, desde que le quitamos el pañal de la noche hasta el de la siesta y, desde el de la siesta hasta el de por la noche.  Le recordaremos varias veces si quiere ponerse  en el orinal... Ya estaremos en el mismo punto que con el primer método.


En este punto deciros, que es posible que en todo ese tiempo sin pañal, el niño no se haga nada encima ni en el orinal. No os preocupéis, es una señal de que está reteniendo y que el proceso va bien. El control de esfínteres es eso: aprender a evacuar y también a retener.

El pañal de la siesta lo quitaremos cuando veamos que se levanta varios días seguidos seco. El de la noche lo mismo, pero por éste no os preocupéis porque es el que se quita más tarde.

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS:

Si decidimos quitarlo, lo quitamos. No hay que dar marcha atrás, sólo al principio si vemos que no está siendo positivo para él. Nos os preocupéis hay tiempo y todos terminan lográndolo en su momento. De ahí que al principio de la entrada os haya planteado los indicadores. Hay que estar muy seguros, porque si no es así puede ser muy frustrante tanto para el niño como para los padres.
No os desesperéis, cada niño lleva su propio proceso. Hay niños que en una semana lo pueden conseguir y otros tardan más, lo importante es seguir su ritmo y no forzar, ni para parar ni para acelerar.
No comparar con otros amigos, hermanos, vecinos. Cada niño es único.



Espero que os pueda ayudar este artículo a realizar el proceso y que en este tiempo que tenemos que estar en casa podamos seguir su ritmo de desarrollo.

Para acompañaros en el proceso puedo resolver  vuestras dudas o podéis compartir vuestras experiencias:

- a través de los comentarios del blog,

- a través de @dudasdepapas en Instagram, etiquetadme siempre que tengáis alguna duda y compartid con amigos las publicaciones para poder ayudar al máximo de familias posible.

- a través del grupo de Facebook "Dudas de papás"

- unificaremos publicaciones con el hashtag #sinpañalcondudasdepapas

Un abrazo y ánimo a todas las familias en estos momentos. Está claro que #yomequedoencasa y pero puedo seguir avanzando.






martes, 17 de marzo de 2020

Coronavirus: Guía de supervivencia en casa con niños.


Después de mucho tiempo, reinicio mi andadura en este blog por un parón obligado, no elegido, quizás sea un mensaje de que debía retomarlo...

La situación que estamos viviendo nos ha pillado a todos "por sorpresa". De un día para otro nos han dicho que tenemos que quedarnos en casa con los peques y muchos deben compaginarlo con el teletrabajo.

Por eso, me gustaría que las pautas que os voy a dar os sirvieran para transformar en algo positivo lo que, en un principio, ha podido desbordarnos al no saber qué podemos hacer con ellos 15 días en casa.


¿QUÉ PODEMOS HACER ESTOS DÍAS?

  • Mantener las rutinas: Es fundamental que por estar en casa no caigamos en el error de no seguir un horario similar al que hacemos cuando hay escuela. No son vacaciones, así que, en la medida de lo posible, se deben mantener los mismos horarios (sueño, alimentación, juego,...). esto nos ayudará a que la vuelta sea más llevadera y los peques se sentirán más seguros al seguir una estructura que les guíe a lo largo del día.

  • Seguir una alimentación equilibrada: La alimentación hay que cuidarla mucho en estos momentos. Un capricho puntual, puedes ser positivo, pero en esto también se debe llevar un orden y una disciplina, tanto de horarios como de aporte nutricional. Lo más fácil sería darles lo que sabemos que seguro se van a comer sin esfuerzo pero, precisamente porque podemos dedicarles más tiempo, podemos incidir en que vayan probando nuevos alimentos o, poquito a poco, acepten aquellos que no les gustan tanto pero son buenos para su alimentación. Una idea es seguir el menú que nos sugieren los nutricionistas desde el colegio o la escuela, para seguir una dieta equilibrada, ya que así sabemos que acertaremos seguro.

  • Reforzar las medidas higiénicas: Es un buen momento para trabajar la higiene. Que se laven las manos, no sólo antes de comer, sino después de cualquier actividad de manipulación, que aprendan a limpiarse los mocos y después lavarse las manos, que tosan en un pañuelo o la manga como se nos indica. 

  • Organizar los tiempos: Tiempo de juego, tiempo de trabajo... estructurar el tiempo como si fuera una jornada laboral con un horario. Cuando sea momento de que los padres y/ madres trabajen: dadles actividades que puedan realizar de manera autónoma durante un tiempo largo, en el caso de los más pequeños, que hagan sus tareas del colegio los mayores o turnaros si estáis en pareja para tener más tiempo de trabajo. Cuando sea el momento de jugar juntos, aprovechad y vividlo como un regalo, ya que seguramente habitualmente no tengáis mucho tiempo para hacerlo. 
  • Aprovechar para hacer lo que no podemos hacer nunca por falta de tiempo: Podemos organizar la casa juntos, cada uno a su nivel (mientras organizamos armarios, el peque se puede divertir jugando con la ropa que ya no queremos...), hacer actividades de juego que porque ensucian o porque no las terminaríamos en una situación normal, no las hacemos (puzzle de 1500 piezas con los mayores, receta de repostería...). 

  • Conocernos mejor. A uno mismo y a nuestros hijos: Ante situaciones desconocidas y atípicas reaccionamos de manera distinta. Veamos cómo lo hacemos, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades. En este caso tenemos más tiempo para pensar, reflexionar, "estar de verdad" con ellos, con  nosotros mismos... En la vorágine del día a día, no tenemos tanto tiempo para observarles, hablar con ellos sobre sus intereses, preocupaciones... ¡aprovechémoslo!. Podemos acercarnos más a ellos. Poned nombre a sus emociones para que puedan expresar lo que sienten. Hablad de vuestros sentimientos con ellos: si estamos enfadados, agobiados, tristes...Es una oportunidad única para ayudarles a gestionar la emociones que, en algunos casos, es la primera vez que sienten. Evidentemente, debemos intentar transmitirles calma y darles ejemplo de cómo hacerlo. El ejemplo educa más que cualquier otra cosa.

  • Dejar también que se aburran. Está bien ayudarles a ocupar el tiempo y seguir una rutina pero no les programemos cada momento, cada instante, es necesario que se aburran, que busquen alternativas de juego que creen ellos mismos. Tendemos en muchas ocasiones a darles las cosas hechas, solucionadas, a veces parecemos animadores socioculturales de nuestros hijos. Vamos a darles la oportunidad a que sean ellos los que, desde el aburrimiento, propongan, creen...que no nos dé miedo la improvisación y el descontrol en un momento determinado, pensad que estamos alimentando su imaginación. En este sentido os traslado a otro artículo que escribí que viene muy al hilo de este tema :Dejad quelos niños... jueguen solos.

Espero que este artículo os ayude y hayáis visto la situación desde otra perspectiva. Son tiempos complicados pero lo superaremos en familia.

Mucho ánimo a todos en estos momentos, lo dice no sólo una psicopedagoga, sino una madre que tiene que pasar estos días con dos peques de 6 y 2 años de edad y la complicación que ello puede suponer cuando no pueden salir a la calle.

Me encantaría, que me contaseis cómo lo estáis llevando en los comentarios.


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martes, 5 de marzo de 2019

¿Y SI DUERME FUERA DE CASA?




Dormir fuera de casa puede ser una gran oportunidad para l@s niñ@s para confirmar su independencia con respecto al adulto, asumir un nuevo reto y vivir otras situaciones diferentes que les sacan de la rutina.
Pero, ¿cuándo es el momento ideal para irse a dormir a otra casa?
No hay una edad concreta sino que está más relacionado con:


  • El nivel de autonomía del niño. Siempre es mucho más sencillo para el niñ@ si sabe vestirse sólo, controla esfínteres, es responsable de sus cosas… pues así no tendrá que depender en exceso de las personas con las que se quede, cuando es una familia fuera de la suya propia. Una excepción es si se queda en casa de los abuelos con los que tiene mucho trato, pues todo será más natural y ambas partes sabrán cuáles son las necesidades del pequeñ@.
  • Si previamente se ha establecido un apego seguro. Niñ@s que están sobreprotegidos, muy dependientes puede que no lo vean como una experiencia positiva. A la vez, los padres y madres de éstos también suelen mostrar mucha ansiedad al respecto y acaban por no animarles a que lo hagan o transmitiéndoles esa inseguridad, en vez de  que lo vean como algo positivo.
  • La personalidad del niño. Si se muestran como niños y niñas más tímidos puede que les cueste, no sólo el juntarse con otros niños, sino gestionar el si les surge cualquier imprevisto o tienen que pedir ayuda.
  • Si conoce a la familia con quien se va a quedar a dormir. Si forma parte de su círculo habitual, será más fácil para ellos, si son sus primeras experiencias. De todas formas, a medida que vayan asistiendo a más situaciones como esta se sentirán cada vez más cómodos.
  • Si ha tenido experiencias previas satisfactorias. Lo ideal es que primero se quede con  las personas que son de su entorno habitual, que les hayan cuidado en otras ocasiones, a ratos ( abuelos, tíos…) y después ya se queden en casa de los amigos.


¿Qué puede aprender de esta experiencia?


  • Solucionar conflictos por sí mismo. Al no tener la figura de referencia  como son los padres para resolverlos tendrán que gestionar la situación ellos solos.
  • Adquirir recursos de relación social. Seguramente haya niños o mayores que a lo mejor no conozca y con los que se relacionará, ampliando de esta manera su círculo habitual.
  • Reafirmarse como persona única e independiente de sus padres. A ellos también les gusta hacer cosas sin nosotros, eso les hace sentirse mayores.
  • Superar miedos viviendo una experiencia positiva. A la oscuridad, a dormir en otra cama,…etc. Aunque nos pueden ayudar objetos de apego o familiares como su manta, su almohada, una luz para dormir… etc.

Es fundamental dar información a la familia que acoge al niñ@ sobre sus necesidades, gustos o dificultades para ayudarle.
En definitiva, dormir fuera de casa puede ser una experiencia que le ayude a madurar y adquirir nuevos recursos y conocimientos.
Espero que os haya resultado interesante el post y os ayude a muchos de vosotros.
Os voy a hacer una sugerencia al respecto por si pensáis invitar a peques a vuestra casa:


Hace poco conocí una manera muy original y positiva de planificar esta experiencia: En el cumpleaños de mi hija mayor, pensé qué hacer que la hiciera ilusión y lo que siempre me ha dicho es que le encanta ir a dormir a otras casas y que vengan a dormir sus primas, sus amigos…etc. Así que me puse en contacto con https://www.ponleuntipi.com/ . Ellos me prepararon todo y la fiesta resultó un éxito.
Yo no conocía esta posibilidad y como nuestra experiencia fue muy buena os la recomiendo.




jueves, 1 de noviembre de 2018

Aprender a equivocarse. Equivocarse para aprender.


"El que no arriesga, no gana"

Es una frase que siempre ha estado presente en mi vida y que tiene mucho que ver  con la posibilidad de equivocarse al tomar una decisión. Eso no quiere decir que las decisiones no deban ser tomadas bajo la reflexión, valorando la mejor opción posible, pero la certeza absoluta de que sea la que nos lleve al éxito no la tendremos. Por lo tanto, siempre tenemos que tener en cuenta que nos podemos equivocar...¡y no pasa nada!. Al menos lo habremos intentado y, por el camino, habremos aprendido.

Evidentemente, los errores no pueden considerarse todos iguales, depende de las consecuencias que conlleven y el nivel de responsabilidad que se tenga.

La equivocación es aprendizaje: cuando estamos aprendiendo solemos caer en el error y, a la vez, ese error nos hace ampliar nuestros conocimientos al valorar qué posibilidad podría ser la correcta o restaurar el error cometido con los recursos adquiridos u otros que añadamos a nuestro repertorio.

Si, esto que comento, lo trasladamos a l@s niñ@s seremos más flexibles ante determinadas conductas y las entenderemos como parte importante de su aprendizaje.

Situación real:

Niño de 18 meses que está aprendiendo sólo a beber en vaso. Se le cae el agua y empapa todo lo que tiene a su alrededor.
Padre o madre  que se enfada mucho, le regaña y le dice que muy mal lo que ha hecho, que no se tira el agua. Recoge lo que ha tirado, no le deja de nuevo el vaso y se le lleva a otra parte para que no vuelva a hacerlo.

Si analizamos esta situación
  • Hay que ver si lo ha tirado porque ha querido, en ese caso es lógico que le digamos que no debería hacerlo o,  simplemente, porque no tiene la destreza suficiente todavía o no ha utilizado los recursos correctos
  • Basándome en la disciplina restaurativa, el niño debería reparar la situación (le podemos dar papel o un trapo para que lo recoja). Si fuera más mayor, a partir de 2-3 años podemos ayudarle a que analice la situación y busque él mismo la solución.
  • Y, por último, si todavía él no es capaz de beber sólo, podemos ofrecerle un apoyo, ayudándole o dejarle que experimente más veces para que finalmente consiga hacerlo solo, animándole para que lo intente nuevamente.

Dicho esto, el aprendizaje, no sólo en l@s niñ@s sino también en los adultos, seguiría esta secuencia:

  1. EXPERIMENTAMOS
  2. NOS EQUIVOCAMOS                                                             APRENDEMOS
  3. RESTAURAMOS EL ERROR
  4. ADQUIRIMOS NUEVOS RECURSOS

¿Qué debemos tener en cuenta como padres y madres con respecto a los errores de nuestr@s hij@s?

👉Para aprender hay que equivocarse: al hacer algo, al tomar decisiones...
👉No debemos castigar el error sino animar a que lo vuelvan a intentar o busquen otras opciones. 
👉Si nos equivocamos, podemos restaurar nuestra equivocación.


¿Qué beneficios conseguirá el niño al actuar de esta forma?

El niño no tendrá miedo a equivocarse, al contrario, aprenderá a hacerlo: éste será el impulso para seguir intentándolo y tolerará mejor la frustración cuando no consiga su objetivo. Y esto, si lo trasladamos a la vida adulta, reducirá muchas de las inseguridades que pueda tener en un futuro.



"El mayor privilegio, la mayor libertad, es no tener nunca miedo de equivocarse" George Steiner.

Si perdemos el miedo a equivocarnos, imaginaros todo lo que podemos aprender...






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sábado, 8 de septiembre de 2018

Disciplina...si es restaurativa, mejor.


Actualmente, aparte de psicopedagoga, maestra y madre, también soy mediadora de conflictos. 

La mediación me ha ayudado a encajar muchas piezas y recursos que había estado utilizando en mi vida profesional y personal de manera intuitiva, me ha hecho ser consciente de las mismas y racionalizarlas. 

Entre estos recursos cabe destacar las prácticas restaurativas que son, básicamente,  aquellas que hacen que los niños asuman las consecuencias sus acciones, reflexionen y reparen el daño causado o busquen una solución a lo que han hecho.

La disciplina restaurativa, como yo la llamo, tiene su base en la justicia restaurativa donde el causante del daño (victimario) sea consciente del mismo y busque la manera de compensar a la persona a la que se ha dañado (víctima), normalmente mediante una nueva acción positiva, implicando a todas las partes del conflicto.

Partiendo de que toda acción tiene una consecuencia, no soy partidaria del castigo sin sentido, es decir, pienso que debemos enseñar a los niños a restaurar-reparar lo que han hecho si no ha estado bien; modificar una acción negativa y transformarla en una positiva, a través de la reflexión acerca de los propios actos, las consecuencias para el otro y uno mismo y la responsabilidad sobre el hecho.


Observar la diferencia:

  • Un niño ha roto un cuento a su hermana. Su madre como respuesta negativa le impone el castigo de no bajar al parque y le dice que tiene que pedirle perdón.

Este es el ejemplo típico de castigo que no hace reflexionar acerca de la acción; la consecuencia, que no es inmediata, no tiene mucho que ver con el hecho en sí, más bien es algo impuesto sin mucho sentido. Tú haces algo y yo te impongo que no vas a hacer esto. El niño no asume la responsabilidad sobre sus actos, no ha tenido opción de reparar el daño.

Desde la disciplina restaurativa se resolvería de la siguiente manera:

  1. Responsabilidad sobre el hecho: ¿qué ha pasado? ¿qué es lo que ha ocurrido? Daríamos la oportunidad al niño para que se explique y se responsabilice.
  2. Reflexión acerca de las consecuencias de sus actos:  ¿cómo crees que se ha sentido tu hermana?¿ está bien romper los libros? ¿ a tí te gustaría que te rompieran algo tuyo? Daríamos voz también a la otra parte para que explique que ha significado para ella el hecho de que le hayan roto el cuento.
  3. Búsqueda de una solución: Puede surgir del que ha hecho el daño o buscar una solución entre ambas partes implicadas. "voy a arreglarlo" "le compraré otro con el dinero de mi hucha" ...
  4. Cómo actuaremos de cara al futuro: para que esto no vuelva a pasar ¿qué debemos hacer? ¿cómo debo manipular un libro para que no se rompa (si ha sido por mal uso)? Si estoy enfadado ¿qué otras cosas puedo hacer en vez de romper el libro a mi hermana?
Ahora reflexionemos nosotros, ¿en cuál de las dos prácticas se adquiere un mayor número de aprendizajes positivos y recursos para el futuro? ¿ lo impuesto sin reflexión educa? ¿ 

Pienso que si enseñamos a los niños a responsabilizarse, de verdad, de sus actos, reflexionando sobre ellos y buscando soluciones de adultos serán personas más seguras, más coherentes, proactivas y empáticas. Además no tendrán miedo a equivocarse porque tendrán recursos para resolver situaciones... pero este es otro tema que me gustaría tratar en otro post...

Está es la manera por la que yo apuesto... ¿y vosotros? 

Espero vuestras reflexiones.





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domingo, 15 de julio de 2018

¿A tí también te dieron el Saco de la Culpa?



En algunas de las intervenciones que he realizado con familias, después de ver cuáles eran los puntos a tratar y comenzar a dar pautas para trabajarlos, me he encontrado con un punto de resistencia, algo que era superior a la intención de cambiar la situación, algo que les hacía que fuera más complicado y requiriera un mayor esfuerzo por su parte: la culpa.

En ese momento de la consulta es cuando suelo hablar sobre el "Saco de la Culpa": una teoría que, a forma de metáfora, viene a decir lo siguiente:

"Cuando nos convertimos en padres y madres, además del bebé es como si nos regalasen un "saco de la culpa" que vamos arrastrando y que nos pesa en todas y cada una de las decisiones que vamos tomando con nuestros hijos..." Así comienza mi relato...

Por ejemplo, "si necesito más tiempo para mí no voy a hacer por tenerlo porque pienso que debería dedicárselo a mi hijo y me siento culpable, o si tengo que decirle que no...me siento culpable de que se frustre por mí "etc.

Esta culpabilidad parte del desear dar todo lo mejor a los hijos, pero no debemos olvidarnos de que darles todo lo mejor no significa darles "todo" sin condiciones.

Educar significa también decirles que "no", no darles las cosas automáticamente, hacerles esperar, dedicarnos tiempo a nosotros para poder "estar" de verdad con ellos, con todos los sentidos, no estar por estar...

Por ello, me gustaría que este post os ayudase a quitaros ese "Saco de la culpa" de encima y lo cambiaseis en vuestra mente por un "lo voy a hacer porque sé que es lo mejor para su educación".

Mirad cómo cambian distintas situaciones de la vida cotidiana si cambiamos este concepto:


  • Me reincorporo a trabajar y me siento culpable porque tengo que llevarle a una escuela infantil → Aunque me gustaría estar con él o ella, que vaya a la escuela infantil puede ser bueno para su educación, puesto que allí se relacionará con otros niños y niñas, aprenderá a adaptarse a una nueva situación, le ayudarán a ser más autónomo...
  • Cuando le llevo la contraria se pone a llorar y me siento culpable, no me gusta verle así para un rato que estoy con él→ Que le diga que "no" es lo mejor para su educación pues le estoy ayudando a que aprenda a gestionar la frustración.
  • No le he comprado un móvil, me siento culpable de que se pueda sentir diferente al resto ( con este pensamiento hay un riesgo alto de comprarle finalmente el móvil)→ No comprárselo puede ser bueno para su educación ya que, en un futuro puede esforzarse para comprárselo él, quizás no esté preparado en estos momento para que tenga uno, ...etc.

Podríais hacer el ejercicio de trasladarlo a alguna situación personal que tengáis. Ya veréis como, cambiando la perspectiva, os ayuda a estar más seguros de lo que hacéis pues al final el objetivo es la educación de nuestros hijos, que no se nos olvide.


Y a tí...¿ también te dieron el Saco de la Culpa? 

Pues tíralo bien lejos porque si no, no te dejará avanzar....




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miércoles, 6 de junio de 2018

¿Etiquetas? No, gracias.



El vago, el tímido, el sensible, el malo, el bueno, el…. Podría ocupar un post entero solo nombrando etiquetas que podríamos poner a las personas.

Siendo consciente de lo que sucede en esta sociedad en la que vivimos, me he dado cuenta de que estamos rodeados de ellas y considero que ha venido intrínseco a la educación y a nuestra necesidad de controlar todo y tenerlo clasificado y ordenado. En esto los prejuicios “nos han ayudado” con la tarea.

En la educación, es muy peligroso utilizar etiquetas, sobre todo cuando sabemos que se está formando la personalidad de cada niñ@.

 Algunas personas cuando un niñ@ actúa de una manera determinada, le ponen la etiqueta (es vago,es…) y ya haga lo que haga no la sacan de ahí o no confían en que pueda hacer algo diferente y, peor aún, en ocasiones, hasta consiguen que ese niñ@ piense que es cierto y que es inútil lo que haga para quitársela, que no lo conseguirá: actuará como el entorno espera de él a través de la etiqueta que le ponemos siendo el resultado del “efecto Pigmalión” que pusieron de manifiesto Rosenthal y Jacobson (1968).

Por otro lado, el entorno también se comporta de diferente manera con este niñ@ de acuerdo a las expectativas que se esperan de él definidas por la etiqueta que se le ha “colgado”.

Os traslado un ejemplo bastante ilustrativo:

“Julio, de 7 años, es definido por sus padres como un niño muy sensible y, por ello, no le cuentan los problemas que pueden surgir en la familia para que no se preocupe, para no crearle un trauma porque en el fondo no confían en su capacidad de adaptación a los cambios, de gestión de situaciones…etc, “es que es muy sensible”. A su vez, Julio no aprende a resolver sus conflictos puesto que se ha acostumbrado a que sus padres se los solucionen, vive en una burbuja de felicidad irreal y cuando se presenta cualquier situación que no sabe cómo afrontar llora y siempre alguien le rescata. Es un claro ejemplo de “indefensión aprendida” propiciada por la sobreprotección de sus padres.”
Esto que acabo de narrar es más habitual de lo que pensamos. En este caso ha venido definido por la etiqueta “sensible” (que nada tiene que ver con la capacidad de la persona de enfrentarse a las situaciones difíciles), pero imaginaros con otras etiquetas “vago”, “flojito”, “antipático”…

En la educación, se siguen utilizando las etiquetas aunque, algunas personas van siendo conscientes del lastre que pueden ocasionar a la persona y cada vez se hace menos.
Por eso, propongo a las personas que están en contacto con l@s niñ@s evitarlas, en la medida de lo posible y utilizar un lenguaje más correcto y real de lo que venimos haciendo hasta ahora:
  •   Describamos la situación, no generalicemos. En vez de decir “qué malo eres mira lo que has hecho” podemos decir “ no está bien lo que has hecho”,  en vez de “es que es más vago, no trabaja nunca”, podemos decir “a veces le cuesta comenzar a hacer las cosas”
  •   Si utilizamos una etiqueta, podemos rectificar nuestra expresión. Lo tenemos tan metido en nuestro subconsciente que a veces a todos se nos puede escapar alguna. No pasa nada, lo importante es darse cuenta y rectificar con un enunciado como he comentado en el anterior punto.
  •   Las personas modifican su carácter a lo largo de la vida través de las experiencias que viven, no es algo inamovible. Poniendo etiquetas parece que no se puede cambiar: eres así para toda la vida. Sí que hay una parte que se llama temperamento que viene marcado biológicamente, pero hay otra que es el carácter que se va formando con los aprendizajes que adquirimos. La suma de ambas da como resultado la personalidad que cada uno tenemos. Por tanto, etiquetar a un niñ@ no hace otra cosa que limitarle para los aprendizajes futuros, le impone unas expectativas determinadas desde el entorno.
  •    No confundamos términos. Y mal está etiquetar, pero si encima lo hacemos con una definición totalmente errónea de esa etiqueta. En el caso del ejemplo anterior: “sensible” no quiere decir “incapaz para gestionar los conflictos que puedan surgir en su vida”. Esta etiqueta tiene una connotación negativa, cuando realmente, ser sensible puede ser algo positivo. Lo que hay que hacer es ayudar a esa persona a que esa sensibilidad le ayude en su día a día. Si lo pensamos quizás necesitamos más personas sensibles en el mundo…
  •     Evitemos los extremos que suelen acompañar a las etiquetas. “Todo”, “nada”, “siempre”, “nunca”. “Es que es x …, nunca hace x…”. Es un lenguaje totalmente erróneo. Además de la carga que le estamos imponiendo con la etiqueta, lo reforzamos con este tipo de palabras. Con un mensaje como este es muy difícil intentar cambiar una situación o mejorar.



¿Lo habíais pensado alguna vez? ¿Las habéis sufrido?

Espero que os haya hecho parar y reflexionar al respecto y que las pautas que os he dado os ayuden a utilizarlas lo menos posible.








¿Necesitas ayuda con tu hij@? ¿Te gustaría que en tu colegio hablase de algún tema educativo concreto? ¿Quieres hacerme alguna consulta? Soy Cristina López de Urda Roldán. Psicopedagoga y Mediadora. Escríbeme a info@dudasdepapas.com y estaré encantada de atenderte.