lunes, 10 de octubre de 2016

Ni el mayor, ni el pequeño, ¡Soy el mediano!

Aunque la media de hijos por familia es de 1,33, lo cierto es que todavía hay algunos valientes que se aventuran a tener no dos, sino ¡tres hijos! Algo loable teniendo en cuenta las medidas de conciliación tan maravillosas que tenemos, los gastos que supone un sólo hijo y la vida que llevamos tan estresante.
Pero cuando se toma la decisión de tener el tercero, una preocupación constante puede aparecer en la mente de los futuros papás de familia numerosa:¿ cómo hacemos con el hijo mediano?¿lo pasará mal?¿es cierto que les cuesta encontrar su sitio?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en educación no hay reglas matemáticas y que el éxito de la misma reside en la adecuación de los recursos que utilicemos a la personalidad de nuestro alumn@/ hij@. Por lo tanto, debemos tener presente lo siguiente:

  • Todos venimos marcados por el TEMPERAMENTO que es la manera de pensar, actuar que nos viene dada de manera innata, es de origen genético y no se puede cambiar.
  • Por otro lado, nos encontramos con el CARÁCTER: Es el resultado de la influencia que ejercen en nosotros las experiencias que vivimos, la educación,..Por lo tanto, puede modificarse. Aquí es donde puede afectar el hecho de haber nacido en un orden determinado en la familia, pero evidentemente, no es lo único.
Así mismo, según  el psicólogo austriaco Alfred Adler parece que los hermanos medianos tienden a ser, por lo que les toca vivir, más creativos, independientes y críticos.

Para disipar las dudas y miedos que pueda haber al respecto y que el hermano mediano se adapte de la mejor manera posible a su nuevo estatus, os propongo las siguientes pautas de actuación:

  • Con el nacimiento del nuevo hermano debemos trabajar el tema de los celos como con otro niño. Para ello os dejo el enlace del artículo que escribí hace tiempo al respecto: Los celos ante la llegada de un nuevo hermano
  • Desarrollar su creatividad: a través del juego, la pintura, la danza, la música...
  • Les suele gustar mucho colaborar, así que si le damos responsabilidades en casa, se sentirán importantes
  • Dejar que nos sorprenda: No demos todo por sentado. Si observamos más que etiquetar y pensar " mi hijo es así..." quizás veamos muchas cualidades que nos sorprendan y que podremos destacar de manera positiva.
  • Dedicarle un tiempo. El tiempo se reduce, pero no debe desaparecer ese momento con él/ella, para leer un cuento, dibujar, construir... Hay que gestionar el tiempo mejor.
  • Reforzarle positivamente: Destacar todo lo bueno que tiene, cuando hace las cosas bien. La autoestima se forja partiendo de lo que lo que pensamos de nosotros mismos y lo que nos dicen los demás. Esto le dará mayor seguridad.
  • Apoyarle en la consecución de sus objetivos. A veces necesitan ver que consiguen las cosas que se proponen para sentirse valorados.
  • No comparar entre hermanos. Somos únicos y cada uno vive sus experiencias. Lo que vale para uno, no tiene por qué valer para todos. Cada uno hace las cosas desde su momento de desarrollo. Si no comparamos, es más fácil evitar la competición.
  • Ayudarle a tolerar la frustración. En ocasiones, no llegaréis a todo y no podréis atenderle en el momento. No os sentáis culpables, este también es un aprendizaje. http://dudasdepapas.blogspot.com.es/2015/04/el-manejo-de-la-frustracion-en-los-ninos.html
  • Transmitirle seguridad. Si nosotros mismos estamos preocupados por cómo reaccionará y le contagiamos nuestra ansiedad podemos hacer un problema donde antes no existía.
Cada uno tiene su sitio, su personalidad, somos únicos. Si así se lo hacemos saber el ser el mediano no será algo negativo, sino un lugar más.



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