viernes, 19 de febrero de 2016

No desterréis a los alérgicos e intolerantes, por favor!!!!





Cuando un niño alérgico o intolerante llega a una clase, para el maestr@ viene una preocupación añadida. Una alerta que permanecerá a lo largo del curso y que es necesaria para la atención individualizada de este niño.

Pero no nos debemos dejar llevar por el miedo y debemos continuar nuestra práctica docente de manera que esta situación se normalice.

Me consta que hay centros en los que el momento de la comida se convierte en una sociedad de “pequeños guetos” de celíacos, alérgicos a los frutos secos, al pescado, la leche, el huevo...y el resto. Les tienen en mesas separadas de los demás compañeros para un mayor control.


Pero no debemos olvidar que uno de los objetivos principales de la educación es la de socializarse y realizar estas prácticas puede considerarse discriminación con respecto al resto del grupo.


En el artículo que escribí hace tiempo se ve plasmada esta manera de actuar al respecto y doy consejos que os pueden ayudar.

http://dudasdepapas.blogspot.com.es/2014/09/las-alergias-e-intolerancias.html


A continuación, planteo propuestas para trabajar con estos niños normalizando la situación:



  • no separarles, pero tenerlos localizados. Que se sienten en el mismo sitio siempre y ponerles al lado de ” alumnos de confianza” que tengamos una mayor seguridad que actuarán correctamente (no compartirán la comida, ni se cambiarán los cubiertos)
  • hacerle responsable. Debe ser consciente de sus características personales y, en consecuencia, actuar de manera responsable. Aprender a decir no si le ofrecen, preguntar siempre que le pongan un nuevo alimento, insistirle en que consulte al tutor\a si puede comer lo que le han puesto, aunque otras veces lo haya comido, que sepa donde están sus cosas (alimentos, medicamentos) por si viene una persona que no es la habitual en el aula...
  • Informar a todos los agentes educativos de la situación
  • Explicar a los compañeros la importancia de ayudar a ese niño y cómo pueden hacerlo.



Lo que planteo se puede hacer porque yo lo he hecho durante mucho tiempo a lo largo de mi carrera. De hecho, solían ponerme de manera consciente a estos niños porque era muy minuciosa en mi actuación y, como he dicho, lo más importante, la normalizaba.


Espero que este artículo os sirva de reflexión y os haga crecer como profesionales y/o como personas.
 
 




sábado, 6 de febrero de 2016

La cuidadora: una más en la familia



La realidad social que estamos viviendo hace que esté presente, ya no sólo en la clase social alta, sino en la clase media, la figura de la cuidadora.
Tienen muchos nombres, ayas, nanas, tatas, cuidadoras, " la chica".... Para describir a la figura que educa, cuida, es responsable de los niños mientras los padres trabajan, tienen otros quehaceres...
En ocasiones, no se le da la importancia que realmente tiene y tomar decisiones erróneas al respecto puede traernos problemas en el futuro con nuestros hijos.
 Por ello, me gustaría daros una serie de consejos al respecto:

  1. Buscar a alguien preparado y de confianza. Alguien que tenga formación relacionada con la educación, que tenga experiencia, referencias,.. La decisión es vuestra; pero desde luego, nuestros hijos son el bien más preciado que tenemos, es lógico que no contratemos a la primera persona que veamos 
  2. Comunicadle a sus maestros su existencia. Siempre debemos decírselo, por muchas cuestiones:  así conocen nuestra estructura familiar, sabrán de quién habla el niño cuando cuenta anécdotas y, lo más importante, ell@s pueden darnos información sobre la interrelación que muestra  la cuidadora con el niño. En más de una ocasión en mi carrera profesional me he encontrado cuidadoras que no hablan con los niños, que les ignoran y les llevan por la calle con los cascos puestos con música, el móvil...
  3. Valoradle como se merece. El trabajo hay que valorarlo y pagarlo. No queramos ahorrar precisamente en algo tan serio como es la educación de nuestros hijos. Si queremos que se quede mucho tiempo con nosotros, debemos tenerlo en cuenta. 
  4. No le carguéis de trabajo. Si decidimos que la misma persona que cuida de los niños hace tareas de la casa, no podemos pretender que, si tiene mucho trabajo en casa, juegue con ellos y les eduque. Esta persona se limitará a hacer lo que se le ha mandado en casa porque, al fin y al cabo, es lo que se va a ver como resultado. Hay que mandar tareas con cabeza. El uso de la Tv como dispositivos digitales en exceso, problemas con la alimentación ( les dan sólo lo cómodo, lo que saben que se van a comer sin problemas), el sueño, falta de autonomía, problemas de lenguaje... Son los resultados de malas prácticas educativas. 
  5. A veces hay que elegir. Si económicamente nos lo podemos permitir, os recomiendo que no sea la misma persona, o que tenga un horario que le permita hacer las tareas del hogar cuando los niños están en el colegio para después poder estar con ellos de manera exclusiva. 
  6. Es un miembro más de la familia, tenedlo en cuenta. No les excluyáis de cumpleaños, fiestas familiares, ...nuestros hijos les tienen cariño y debemos agradecérselo. Así el niño aprenderá que a las personas a las que se quiere o se portan bien con nosotros, hay que cuidarlas.
  7. Es importante que siga la misma línea educativa que los padres. Hay que fijar las normas y los criterios educativos que se van a seguir y cerciorarnos de que esta persona está de acuerdo y/o los lleva a cabo. Las incoherencias educativas también pasan factura.
  8. No debe sustituir la labor  educativa de los padres. Pero nuestros hijos son nuestros y la figura principal debemos ser nosotros. Aunque esté la cuidadora, no hay que eludir nuestra responsabilidad. Si hay que corregir, consolar, abrazar, enseñar...no podemos esperar a que lo haga ella. La imagen de fiestas de colegio, con los padres relacionándose y la cuidadora detrás de los niños para regañarles o para ver qué hacen, no es algo que deberíamos tomar como modelo.
Si miramos y remiramos a qué compañía de telefonía vamos a contratar internet...no dejemos a la suerte la tarea más importante de nuestras vidas: la educación de nuestros hijos. Y valorar lo que hacen las personas que contribuyen a hacerles persona.