lunes, 30 de noviembre de 2015

Las rabietas: cómo actuar ante ellas



Caso real: Familia comprando en un centro comercial. El niño de dos años se tira al suelo porque quiere montarse en los caballitos y comienza a llorar, gritar, patalear, ante el asombro  y la vergüenza de sus padres. Los padres ceden y le dan lo que quiere para pasar desapercibidos del resto y que el niño no les moleste. Conclusión: la próxima vez lo hará igual...o peor.

Las rabietas forman parte de la vida de las familias. Suelen ser etapas que pasan los niños y son normales en su desarrollo.
Concretamente, hay una etapa en la que son protagonistas, lo llaman " la primera adolescencia" ( 2-3 años)
http://dudasdepapas.blogspot.com.es/2014/07/la-primera-adolescencia.html.

¿A qué se deben?

  • Reafirmación del "yo". Cuando el niño se va viendo más independiente y autónomo con respecto al adulto, necesita imponer su criterio y decidir con respecto a sus experiencias. Si no se sale con la suya lo intentará de todos modos y las rabietas son muy incómodas para los adultos.
  • Baja tolerancia a la frustración: No podemos olvidar que esta etapa que viven se caracteriza por ser egocéntrica y quieren las cosas "aquí y ahora". Pero para eso estamos nosotros para educarles y sacarles de ese egocentrismo.
  • Falta de recursos. Aunque parezca un recurso muy bueno, desde su punto de vista, lo cierto es que actúan así porque no saben hacerlo de otra manera. Debemos darles alternativas (negociación, pedir por favor,...)
  • Experimentación. A esta edad van siendo conscientes del poder que ejercen sobre el entorno y,  por ello, van a probar qué es lo que sucede cuando reaccionan de una u otra manera. En función de la respuesta que obtengan repetirán la conducta o la extinguirán.
  • Son un recurso que han utilizado y les ha funcionado en otras ocasiones. Por lo comentado en el punto anterior.
  • Resultado de un modelo educativo erróneo. Si ellos ven que nosotros gritamos, tenemos conductas agresivas, actuarán de la misma manera, viéndonos también aprenden y tienden a imitarnos.
¿Qué debemos hacer?

  • Olvidarnos de lo que opinen los demás.  Los niños aprovechan esas situaciones que pueden resultarnos más incómodas para utilizar este recurso.
  • Intentar llevarles a algún sitio sin tanto espectador. Para poder hablar con él tranquilamente y no llamar la atención más de lo necesario.
  • Dejarles tranquilos. Deben tranquilizarse solos y si les estamos continuamente preguntando o prestándoles atención sin darles lo que quieren, sólo lo empeorará. Además en ese momento no atienden a explicaciones.
  • Seguir realizando la actividad que estábamos haciendo antes. No confundamos las rabietas con llorar porque les pase algo, estén tristes... Evidentemente, ahí si debemos preguntarles, prestarles la atención necesaria y ayudarles a que expresen lo que sienten. en el caso de las rabietas, lo que quieren es llamar la atención y conseguir su objetivo. Por lo tanto, si cedemos o si les prestamos demasiada atención y consiguen interrumpir nuestra dinámica, lo volverán a repetir.
  • Cuando se les haya pasado o estén más calmados, hablar con ellos. Aclarar de qué manera pueden pedir o hablar las cosas la próxima vez, llegar a un consenso, hacerle ver qué esa no es la forma de actuar y que es mejor hablar calmados.
  • Premiar las conductas positivas al respecto. "has sido capaz de calmarte" " mira qué bien, cómo sabes pedir las cosas" "eres un/a campeón/a"



Si hay alguna experiencia que queráis comentar en los comentarios... Adelante!!!!

 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Pesadillas y terrores nocturnos: qué hay que hacer y diferencias



Son las doce de la noche Pablo  de tres años comienza a llorar y a gritar con el consabido susto de sus padres. Los padres van corriendo a la habitación. No saben qué le pasa y, a pesar de su intento por consolarle, no lo consiguen. Sigue dormido y no escucha. Cuando consiguen despertarle, no sabe de que le hablan, se muestra sorprendido pero se vuelve a dormir enseguida.

Este es un claro ejemplo de lo que son los terrores nocturnos. Habitualmente, se dan en torno a los dos-tres años de edad. No todos los niños los tienen, es más, suelen ser bastantes pocos los que sí. Pero si conseguimos identificarlos, podremos poder responder de manera adecuada a la situación.
Sus características son:
  • Fuerte agitación en el niño, mostrando llanto, a veces se mueven mucho e incluso pueden llegar a sentarse o levantarse de la cama.
  • Se suele dar en la primera mitad de la noche.
  • El niño no recuerda lo que soñaba y se muestra como aturdido.
¿A qué se deben?

Son una consecuencia de la inmadurez del sistema nervioso. Por tanto, a medida que éste vaya madurando, irán desapareciendo. Sí que es cierto que hay estudios que certifican la importancia de los momentos previos a acostar a los niños. Por ello, hay que seguir las siguientes pautas para reducir su incidencia:

  1. Seguir siempre la misma rutina antes de acostarse. Jugar-baño-cenar-cuento-beso a los muñecos (ejemplo)- beso a los papás y hermanos-acostarse. Es muy importante, pues esto les da seguridad y, sobre todo a los más pequeños, les ayuda a estructurar el tiempo
  2. No realizar actividades que les puedan estresar o les agiten .
  3. Aprovechar esos momentos previos para conversar con ellos y relajarse.
  4. Intentar que su hora de acostarse no sea muy tardía.
 ¿Qué debemos hacer ante un episodio de terrores nocturnos?

  • Mantener la calma y dejar que pase. Se suelen quedar dormidos plácidamente después.
  • No despertar al niño, ni intentar que nos diga qué le pasa. Después le costará más conciliar el sueño.
  • Vigilar que no se de ningún golpe o se caiga de la cama. Realmente, esta es nuestra misión en este caso.
  • No llevarle a nuestra cama, ni dormir con él, no hace falta y podemos reforzar positivamente el hecho.

Por otro lado, estas son las características de  las pesadillas:

  • Se dan en la segunda mitad de la noche
  • El niño nos puede narrar el contenido del sueño y se acuerda.
  • Cuando se despiertan, que es cuando nosotros nos enteraremos de que tiene una pesadilla por el llanto y los gritos, se despiertan asustados y con miedo.
  • No hay tanto movimiento ni verbalizaciones como en los terrores nocturnos.

¿Cómo debemos actuar?
  • preguntarle qué le ha pasado y calmarle explicándole que ha sido sólo un sueño que no ha ocurrido en realidad.
  • Intentar relajarle para que vuelva a conciliar el sueño. A través de respiraciones, si está muy agitado; darle un vaso de agua.
  • No dormir con él, ni llevarle a nuestra cama. Se tienen que dormir solos.
  • Es mejor hablar al día siguiente sobre lo que ha sucedido por si hay algo que le preocupa.
  • No mostrarnos excesivamente preocupados para poder darle la seguridad que necesita.

En la dura pero bonita tarea de ser padres a veces nos encontramos con situaciones a las que no sabemos cómo enfrentarnos. Espero que este post os haya ayudado con una de ellas.