martes, 28 de noviembre de 2017

Dudas de papás en... La Jornada Inndei con Proyecto Fénix


Este sábado asistí a la I Jornada INNDEI (Innovación y Desarrollo en Educación Infantil) donde se dieron cita profesionales de esta etapa para aprender y disfrutar de las diferentes ponencias y talleres que se ofertaban estrechamente ligados a la actualidad educativa .

En mi caso, asistí a la ponencia de Adela Martín López y su Proyecto Fénix, dedicado al acoso escolar con el lema "Nadie se ríe de nadie" y materializado en un libro, que llevaba tiempo interesada en conocer.

Y... no me defraudó, todo lo contrario, me pareció una idea, un proyecto, un objetivo...que debería llegar a mucha gente y del que todos podemos participar desde la posición en la que nos encontremos:  como profesores o "superdocentes" (así les llama), alumnos, padres...etc.

Adela ponía de manifiesto la importancia de la prevención, puesto que actualmente parece que el foco se centra en la etapa de Educación Secundaria cuando el problema ya existe y sólo se puede intervenir cuando, en realidad, los aprendizajes que ayudarán a que esto no ocurra comienzan mucho antes: en Educación Infantil. Sí, esa etapa a la que, en ocasiones, no se tiene en cuenta, en la que parece que lo único que se hace es jugar, pero que es la base de los aprendizajes de las etapas posteriores y desde donde se deben comenzar a trabajar cada uno de los peldaños de la escalera que Adela nos propone para luchar contra el acoso escolar.

Fénix nos guiará en esta subida  a través de propuestas de actividades muy interesantes para trabajar el autoconcepto, la autoestima, la gestión de las emociones, el respeto, la tolerancia, la empatía y la cooperación, atendiendo a los agentes implicados en el acoso escolar: las víctimas, los acosadores y los testigos.

Está claro que algo tenemos que hacer o cambiar, pues los datos estadísticos que tenemos a nuestra disposición nos confirman la alta incidencia de acoso escolar o bullying en los últimos años.

Adela nos ofrece esta posibilidad con su proyecto que, además ha llevado a cabo en el CEIP Lope de Vega de  Madrid con resultados muy positivos. Por lo tanto, no es una simple teoría, sino que ha sido experimentado y vivenciado.

¿Queréis conocerlo más a fondo? Os dejo el enlace de su web: http://www.fenixnadieseriedenadie.es/




"Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo"




martes, 14 de noviembre de 2017

El segundo hijo: un regalo para todos.



Como ya sabéis, los post que escribo tienen una base teórica, desde donde fundamento la información que os ofrezco, pero también una experiencial, partiendo de lo que vivo, experimento y me enseñan los niños, en mi vida profesional y personal. Al final, no estamos tan lejos de cómo ellos aprenden: construyendo su aprendizaje explorando el entorno y estableciendo relaciones con los demás.

Este post, en concreto, está muy ligado a mi vida personal, pues he vuelto a ser madre a finales de septiembre, y tiene, como todos los demás, ese ingrediente pedagógico que caracteriza al blog .

El tener un hijo, o no, o el número de hijos que queremos tener es una decisión muy personal y no hay una única opción ni camino en esto. Pero, partiendo de mi experiencia, me gustaría daros la visión más positiva de la llegada de un segundo hijo a la familia como un regalo para todos sus miembros:

- Para los padres:   
  • Mayor seguridad, menos miedos: La seguridad del camino ya andado. No hay tantas dudas en cómo hacer las cosas, si están bien o mal... Los objetivos están más claros y los padres se muestran menos inflexibles. Se disfruta mucho más de la nueva situación.
  • Otra visión del hijo mayor: Hasta ahora había sido el "bebé" de la casa, pero ahora es el hermano mayor. Cambia nuestra forma de verlo y asumimos su nuevo rol, dándole más responsabilidades que antes, favoreciendo su crecimiento personal.
- Para el hijo mayor:
    Resultado de imagen de dibujo de niño de su hermano
  • Una relación social diferente y enriquecedora: Le ofreceremos una posibilidad de interacción que no podrá experimentar con otros niños, más estrecha y profunda emocionalmente, un vínculo especial.
  • Fomento de su autonomía: Con nuestro cambio de percepción con respecto a él, le daremos más responsabilidades, hará más cosas solo y esto a su vez mejorará su autoimagen y su autoestima viendo todo lo que puede lograr por sí mismo. En este punto, lo importante es reforzar positivamente todos lo que consiga  y agradecer la ayuda que nos brinda ante esta nueva situación.
  • Le ayudará a superar el pensamiento egocéntrico y trabajar la empatía: Ya no es el centro de la familia, sino que ahora hay otra personita a la que hay que tener en cuenta, con la que compartirá sus juguetes, espacio y el cariño de sus padres. Tendrá que ponerse en su lugar en determinados momentos y reflexionar sobre lo que pueden afectar o influir en otro las consecuencias de sus actos. 
  • Mayor tolerancia a la frustración: se acostumbrará a esperar en algunas ocasiones para obtener lo que necesita, no conseguirá las cosas automáticamente. Ahora todo el tiempo de dedicación de los padres no es para él, sino que hay que compartirlo.
  • Formación en habilidades sociales: es una gran oportunidad para que aprenda a negociar, a comunicarse de manera asertiva,...
  • Ejercerá de maestro y afianzará los aprendizajes adquiridos: Será el mejor maestro para su hermano, que aprenderá a través de la imitación y, a la vez, el mayor afianzará sus propios aprendizajes al enseñarle. 
En este punto no hay que dejar de lado los celos que pueden ocasionar esta llegada, pues es un cambio grande el la vida del hijo mayor. Por eso os recomiendo que también leáis el siguiente artículo: Los celos ante la llegada de un nuevo hermano.


- Para el nuevo hijo:

  • Un entorno menos rígido: Ante unos padres más relajados y seguros las cosas fluyen mucho mejor.
  • Más experiencias de aprendizaje: Tanto las que le aporten los padres, como su hermano o él solo ante unos padres que no están tan encima de él como con el primero. Además verá cuáles son las consecuencias de determinadas situaciones sin necesidad de experimentarlas en sí mismo. 
Evidentemente, la llegada de un nuevo hijo a la familia conlleva un período de adaptación para todos. Los primeros tres meses del bebé, como sabemos, son agotadores, no nos confundamos. Pero sin la presión de " la primera vez" es más llevadero. 
Y ahora... si me preguntasen a título personal que si recomiendo la "experiencia", que más bien es una decisión, diría que SI sin pensarlo, que el segundo hijo "ha sido un regalo para todos".

martes, 10 de octubre de 2017

Extraescolares: criteros para elegir las más adecuadas


Partiendo de la postura que defiendo de que no hay ninguna obligatoriedad a la hora de apuntar a los niños a extraescolares, pues ya tienen un horario lectivo bastante extenso y que el juego con otros debe ser lo que prime en las tardes después del colegio, voy a dedicar un post para ayudar a aquellas personas que, por necesidad o porque el niño es el que lo solicita, no saben a qué extraescolar apuntarle, cuál puede ser más beneficiosa...etc...

Como he comentado en la introducción del post podemos llegar a plantearnos el apuntar a nuestro hijo a alguna extraescolar teniendo en cuenta los siguientes criterios:

  • Cuestiones académicas: Hay en ocasiones en que es necesario algún tipo de refuerzo si al niño le cuesta alguna materia o asignatura.
  • Cubrir horario hasta que podamos atender a nuestro hijo: Por cuestiones de logística familiar y los horarios laborales, necesitamos cubrir unas determinadas horas hasta que podamos encargarnos de nuestro hijo.
  • Desarrollar capacidades en el  niño en las que se ha observado que destaca: Un niño que tiene especial interés y capacidad para la música, la danza, la pintura, el deporte...El niño no nos ha comentado nada, somos nosotros los que se lo proponemos. A través de la observación podremos deducir qué actividad es la más adecuada para nuestro hijo.
  • Interés por parte del niño hacia alguna actividad concreta: Hay veces que el niño directamente nos pide acudir a una actividad concreta: porque va algún amigo suyo, porque esté " de moda" (patinaje, por la serie Luna; ballet, por la película Ballerina; cocina, por el programa de Masterchef), porque le llame la atención sin más...No debemos apuntarles porque haya sido nuestra ilusión de pequeños o nuestra afición frustrada. Cada persona tiene sus propios intereses, que no se nos olvide. "Dale a tus hijos la oportunidad de vivir sus vidas, no la tuya" Alejandro Jodorowsky
Dicho esto, si se puede, lo que debe imponerse es el interés del niño hacia la actividad: a mayor motivación, mejores resultados. Como bien se está recalcando desde estudios de Neuroeducación (Francisco Mora) "sólo se puede aprender aquello que se ama", primando la emoción en el aprendizaje. Y la emoción y la motivación pueden venir desde el propio niño o por la habilidad para transmitirlas por parte del maestro que imparte la materia.

No nos olvidemos de que hay que dejar al niño momentos sin actividad, para relacionarse con los demás (aprendizaje de las habilidades sociales) y/o jugar solo (creatividad, encuentro con el "yo")(http://dudasdepapas.blogspot.com.es/2017/07/dejad-que-los-ninosjueguen-solos.html?m=1), desconectar...porque si no, podemos caer en el error de la sobreestimulación.

Antes de apuntar a un niño a una actividad debemos hablar con ellos y pedir su compromiso, o bien un tiempo de adaptación... porque muchos cuando son pequeños al principio van llorando por la novedad de estar solos en otro entorno, con otra gente,...etc, pero luego, cuando se adaptan, se lo pasan bien y disfrutan. 
Evidentemente, si vemos que el llevarle a una actividad supone un sacrificio excesivo por su parte y no cumple los objetivos que nos habíamos marcado en un principio, no pasa nada podemos quitarles y ver otras opciones. Pero lo dicho: dando un tiempo de adaptación y valorando si no es un mero capricho por su parte. También deben tener responsabilidad sobre sus decisiones y cuanto más mayores más.

Espero que tengáis un curso maravilloso y que todos aprendamos mucho

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jueves, 20 de julio de 2017

Dejad que los niños...jueguen solos.


En mi día a día como psicopedagoga y en los años en los que he trabajado en aula como maestra he podido experimentar con distintas teorías del aprendizaje. Muchas de ellas se basan en la interacción con el niño: planteando situaciones, ayudándoles a resolverlas, dividiéndoselas en pasos para que lo logren... Pero a mí la que más me gusta es en la que el adulto observa, sin intervenir y analiza cómo el niño se relaciona, construye aprendizajes solo, resuelve conflictos y utiliza sus recursos...

En algunas consultas realizadas con los padres me preguntan si tienen que jugar más con sus hijos, que no saben jugar solos, que a ellos les cuesta  mucho compaginar lo que tienen que hacer en el trabajo, en casa o simplemente el tiempo de descanso que también necesitan, con ese tiempo de atención constante con el niño.

Y, sinceramente, está muy bien que juguemos con nuestros hijos, si se puede, pues este tiempo creará lazos, recuerdos y momentos maravillosos. Pero.... los niños también tienen que aprender a jugar solos, descubrir por sí mismos...
Lo que digo no es nada nuevo, autores como Bruner y metodologías que ahora están en pleno auge, que vuelve a resurgir, porque no son nuevas, como la de Montessori, Reggio Emilia...etc, nos hablan de esto, del niño que experimenta con autonomía e independencia del adulto, aunque sea éste el que proporcione las condiciones propicias para ello y proponen al educador como observador y mediador del aprendizaje.

Teniendo en cuenta esto, los beneficios que planteo son los siguientes:

  1. Para el niño:
    • Fomento de la creatividad: Él mismo creará el juego que se invente en ese momento, sin directrices del adulto. Creará de la nada, imaginará historias, personajes y escenarios.
    • Resolución de conflictos por sí mismo: Cuando no logre realizar algo que se había propuesto o utilizar un objeto como él quería, intentará ver qué opciones tiene, cómo hacerlo. Con otros niños, en su interacción, utilizará sus propios recursos y creará otros.
    • Autonomía: Realizará las cosas por sí mismo, sin ayuda o, por lo menos, lo intentará.
    • Independencia del adulto: Nos requerirá sólo cuando sea imprescindible, no en todo momento. En ocasiones, pueden caer en una indefensión aprendida porque siempre les ayudamos a solucionar sus problemas y llega un momento que ni lo intentan por sí solos, piensan que lo natural es que nosotros lo hagamos.
    • Seguridad en sí mismo: El ir superando obstáculos, consiguiendo logros por sí mismo irá reforzando su autoestima y les dará pie para seguir aceptando nuevos retos. No necesitarán nuestra aprobación para todo lo que hagan.
    • Descubrimiento de las distintas posibilidades de juego que puede tener un mismo material: Una de las cosas que más me gusta es darles un material y dejar que ellos lo manipulen libremente sin que sea necesario que les explique qué es lo que tienen que hacer. Merece la pena ver qué es lo que hacen porque ellos mismos llegan a la misma conclusión pero por caminos diferentes o inventan otra manera de jugar que nosotros ni nos hubiéramos planteado en un principio.
      2. Para los padres:
    • Observación de comportamientos que habitualmente no suceden en nuestra presencia: ¿Habéis observado a vuestros hijos mientras juegan sin que lo sepan? Es uno de los regalos que tenemos los padres y educadores. El ver cómo se expresan, qué es lo que hacen, cómo se comportan...Les veremos en su esencia.
    • Tiempo para realizar otras tareas: Si ellos y nosotros somos capaces de respetar sus tiempos de juego en solitario y en su caso el que podamos tener otras cosas que hacer, les estaremos también enseñando a esperar.
    • Conocimiento de cómo aprende nuestro hijo: ver qué recursos utiliza, si es más visual, kinestésico o auditivo, si se frustra con facilidad o persiste en sus objetivos...

Las situaciones más propicias donde podemos observarles:

- El parque u otros momentos con niños.
- Situaciones en las que nosotros decidamos que jueguen solos porque tengamos que realizar algo o incluso que el niño de manera espontánea comience el juego.


Esto que planteo es una recomendación, otra forma de ver a nuestros hijos. Entiendo que por el poco tiempo que pasamos con ellos, necesitamos "estar" pero  no es excluyente, podemos hacerlo de las dos formas; no obstante, es importante que no caigamos en ser los que entretengamos a nuestros hijos  constantemente y que ellos no sepan jugar de otra manera porque tampoco sería positivo para ellos.
En el término medio está la virtud, que no se nos olvide.


La imagen puede contener: una o varias personas y exterior


lunes, 10 de julio de 2017

Ideas para hacer con niños en vacaciones


Todos los veranos mi amiga me hace la misma pregunta: "Cristina, ¿qué puedo hacer con mi niño este verano para que repase lo que ha hecho durante el curso? ¿Le pongo dictados todos los días, cuentas... ?"
Y yo le digo... "¿Qué os han dicho en el cole?"
" Que descansen...".
"Pues si os han dicho que descansen, eso es lo que tienen que hacer porque tienen que comenzar el curso con ganas, no cansados ya". Esa fue mi respuesta.

Pero además, le di alternativas para trabajar algunas cosas que el niño había aprendido durante el curso, pero desde lo cotidiano, lo que no se fuerza, lo que realmente va a hacer significativo ese aprendizaje, para que lo valore y lo vea útil.

Y eso quiero plantearos en este post: sugerencias de actividades para trabajar con los niños en verano, teniendo en cuenta que tenemos más tiempo libre.

Para seguir un orden específico, que no se quede nada en el tintero y que nos aseguremos que cubrimos todas las áreas del desarrollo del niño me basaré en las Inteligencias Múltiples de Gardner. (desde este enlace podéis informaros sobre qué tratan ). No lo voy a basar en una edad concreta, según la edad que tenga nuestro hijo podemos adaptar la actividad.

Así pues, a continuación os planteo estas posibilidades en cada una de ellas:

Lingüística: 

  • Propongo que aprovechemos para conversar más con ellos, hablar sobre temas que les importen, debatir...
  • Inventarnos cuentos para contar lo por la noche. Podemos darles pie dándoles previamente el personaje (un dragón que tenía miedo), diciendo cada uno una frase ( Érase una vez un dragón que.... y se encontró con...), utilizando los muñecos que tengamos en casa para hacerlo más dinámico...
  • Redactar la lista de la compra, qué tenemos que llevar en la maleta, ... ( si son muy pequeños que dibujen lo que queremos comprar)
  • Escribir mensajes secretos y dejarlos por la casa.
  • Dedicar un momento al día para leer, ellos y nosotros.


Lógico- matemática:

  • Calcular cuánto dinero necesitamos para comprar algo ( una compra pequeña: pan y leche por ejemplo)
  • Cocinar en familia: calcular cantidades, raciones...
  • Ordenar la habitación y clasificar los juguetes en cajas.
  • Encontrar un número determinado de objetos (conchas en la playa, piedras en el campo) y clasificarlas por distintos criterios: tamaño, color..
  • Poner la mesa para establecer correspondencias: a cada persona hay que poner un vaso, un cuchillo, un tenedor...
  • Buscar objetos  del entorno que tengan la forma de alguna figura geométrica: ventana-cuadrado, sol-círculo.

Espacial:

  • Encontrar un "tesoro" siguiendo un mapa.
  • Realizar una ruta pequeña por el campo y recordar por dónde hemos ido pasando basándonos en objetos que nos sitúen.
  • Ir a bañarnos y localizar nuestra sombrilla en la playa a la vuelta.
  • Informar acerca de los lugares qué vamos a visitar y localizarlos en un mapa.

Kinestésica:

  • Realizar todos los deportes que tengamos a nuestro alcance: natación, ciclismo, fútbol, baloncesto...
  • Elaborar una coreografía para luego hacerla en el baile de la orquesta del pueblo, la animación del hotel...
  • Recordar cómo se llaman las distintas partes del cuerpo según nos echamos la crema para el sol.
  • Jugar en el parque de manera autónoma.

Natural:

  • Ir a pescar
  • Ir de camping  o excursión y observar los insectos y pequeños animales del entorno, las plantas...
  • En la playa: bucear para ver los peces, jugar con la arena, ...

Musical:

  • Escuchar música de diferentes tipos, no sólo infantil, música en directo...
  • Aprender canciones para cantar en familia.
  • Ir a un karaoke.
  • Ver algún espectáculo de danza clásica, flamenco, moderna...

Intrapersonal:

  • Escribir un diario de las vacaciones, cómo nos hemos sentido cada día (si no saben escribir, pueden dibujarlo
  • Tener tiempo para estar sólo, aburrirse, no ocupar todo el tiempo con actividades.

Interpersonal:

  • Esta es un parte muy fácil, pues en verano nuestra vida social es más amplia: vemos a los familiares que no vemos habitualmente, amigos... y se lleva un estilo de vida diferente, más en la calle y menos en casa. Todas las experiencias sociales son propicias para el aprendizaje: nos relacionamos con distintos tipos de personas y tenemos que recordar las normas que rigen estas relaciones. 
  • Podemos aprovechar para que los niños duerman fuera de casa: con los abuelos, los tíos... y así hacerlos más independientes, que aprendan a comportarse en los distintos contextos y sin ese apoyo por nuestra parte, hay que dejarles "volar solos".
  • Los campamentos son idóneos para la relación entre iguales.
Básicamente, si os fijáis, la mayoría de las actividades que propongo parten de lo cercano, lo cotidiano, no hace falta hacer grandes cosas, ni ponerles a hacer deberes dos horas al día sin moverse. En la medida de lo posible, debemos hacer que nuestros hijos vean que lo que aprenden en el colegio es útil para su vida diaria, tiene un sentido, es significativo.
Como cada uno sabe cuál es el nivel de desarrollo de su hijo y lo que ha aprendido, podéis adaptar estas sugerencias a él y, seguramente, si le echáis un poquito de imaginación, podréis inventaros situaciones y actividades que os motivarán tanto a vosotros como a vuestros niños.

Espero que el artículo os haya gustado y ayudado.
Hasta el próximo post.

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sábado, 27 de mayo de 2017

Saber esperar: un aprendizaje para la vida



El otro día fui a comprar unos bollos a una panadería. Mientras me atendía la dependienta, un señor ya mayor, nos interrumpió, dejó su moneda en el mostrador y dijo:" Oye, ponme una barra de pan". A lo que la chica le respondió: "Estoy atendiendo, cuando termine me pongo con usted". El hombre, bastante enfadado dijo: "Entre que se decide y no, ya me has puesto la barra, me la das y ya está". La chica que ya no sabía que decir, me miró y terminó de atenderme. Cuando cogí mis cosas, miré al hombre y sin alterarme en absoluto le dije: Señor, saber esperar es uno de los aprendizajes más valiosos en la vida". Se quedó callado y luego dijo refunfuñando entre dientes " sí, sí, saber esperar".

Por eso el post de hoy lo dedico a esto: enseñarles a los niños a saber esperar.
La cosas en la vida a veces tardan en llegar, en ocasiones ni llegan.
En esta sociedad de la inmediatez, la prisa, la respuesta automática, es preciso trabajarlo más que nunca.
Hablando con muchos papás y mamás es de las cuestiones que más les cuesta con sus hijos.
Si no lo trabajamos pueden surgir las siguientes dificultades:
  • Niños con baja tolerancia a la frustración: Esperar también implica frustrarse, pues no tenemos lo que queremos en el momento. Niños que están acostumbrados a la respuesta inmediata, verán esto como algo normal, lógico y cuando dejen de tenerla mostrarán su enfado a través de rabietas, llamadas de atención... con el fin de poder conseguir eso que quieren lo antes posible.
  • Tardía aparición del lenguaje: En ocasiones, no sólo respondemos automáticamente a sus necesidades o peticiones sino que las anticipamos: les damos agua antes de que intenten pedírnosla, les resolvemos situaciones sin dejarles que las resuelvan por sí solos y si no lo consiguen nos pidan ayuda...etc. Esto hace que anulemos una función primordial del lenguaje: expresar nuestras necesidades. Si no necesito pedir nada porque antes de que lo intente ya me lo dan, para qué voy a utilizar el lenguaje. Debemos crear los ambientes y situaciones adecuados para estimularlo, para que realmente fomentemos la autonomía e independencia del niño con respecto al adulto.
  • Padres esclavos de las demandas de sus hijos: "Quiero ver la TV a las 4 de la mañana". Quizás pueda parecer que es más fácil dejar que lo haga y ya está. Así el niño no nos molesta, se queda viendo la TV y seguimos durmiendo. Pero esto trae graves consecuencias, si no hay límites, si no somos capaces de decirles un "ahora no es el momento, ya sabes que la vemos un ratito después de..." entraremos en una rueda de peticiones cada vez más exigentes que no sabremos cómo parar.

¿Cómo podemos hacerlo?

  1. Razonar por qué no podemos atender a su petición. Todo tiene una razón y, si se la explicamos, aunque puedan no estar de acuerdo le estamos dando una respuesta coherente que describe la línea educativa que queremos seguir. Por ejemplo: Quiero comerme un caramelo (antes de cenar) Respuesta: No puedes comerte ahora un caramelo porque vamos a cenar y es mejor que comas primero la comida, después puedes tomártelo.
  2. No responder automáticamente a sus demandas si no podemos. Si estamos haciendo algo en casa, terminando alguna actividad, no tenemos por qué parar y atenderle si no es urgente. Lo correcto es decirle: "Jorge, cuando termine de hacer esto, te atiendo y me comentas qué necesitas"
  3. Que realmente vean que algo les cuesta conseguirlo. "Quiero una bicicleta verde" Respuesta:" Si quieres la bicicleta podemos ir ahorrando poco a poco hasta conseguirla. Si ayudas en casa te daré una propina para ayudarte a comprarla."
  4. Dar ejemplo. Si yo no acepto esperar, le exijo que termine las cosas en el tiempo que yo marco, si no respeto su ritmo, no puedo pedirle que él lo haga. Actualmente, existe mucha competencia con los niños. "Mi hijo sabe leer con tres años" "El mío se sabe todos los colores en inglés y en español con dos" Y parece que todos tienen que conseguir ciertos aprendizajes antes que los demás. Démosles su tiempo, respetemos su desarrollo. Quizás..... sólo tenemos que esperar.
"Hay que saber esperar. La paciencia te lleva a la grandeza" Buda.


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sábado, 22 de abril de 2017

El tiempo para los niños de Infantil


"Dentro de cinco minutos, nos vamos" le dijo el padre a la niña de 3 años mientras recogía sus juguetes.
Realmente, la niña entendió que debía hacerlo más rápido, pero a ciencia cierta no sabía a lo que su padre se refería, qué significaban esos cinco minutos ni cuánto tiempo es eso, mucho o poco. Seguramente, se basó en el tono del padre para entender que no debía tardar mucho en recoger.

Los niños de Infantil, hasta el final del segundo ciclo no comienzan a conocer la duración del tiempo.
Hasta ese momento, éste es una sucesión de acontecimientos, uno detrás de otro.

El tiempo es un concepto muy abstracto para los niños puesto que es algo que no pueden conocer a través de los sentidos: no se ve, no se toca, no se oye... Teniendo en cuenta esto, os  algunas recomendaciones, tanto si sois padres como si sois profesionales de la educación, para acercarles a las nociones temporales:

  1. Día-noche: Desde que el niño nace, aunque tengamos que seguir sus ritmos, sobre todo al principio, debemos hacer diferenciación entre la noche y el día. Por el día hay más ruido, luz,... y por la noche la oscuridad y el silencio. Esto es fundamental cuando queremos que los niños sigan un ciclo de sueño correcto.
  2. El calendario: Tanto su presencia en casa como en el aula, les puede ayudar a ver cómo los días pasan. Podemos tacharlos, utilizar algún personaje para ir moviéndolo de día en día. Al apuntar los cumpleaños de los compañeros, de la familia, serán conscientes de cómo pasa el tiempo y trabajaremos " la espera" ante los acontecimientos, algo que les servirá para toda la vida (posiblemente realice un post sobre esto)
  3. Ayer-hoy-mañana: Cuando hablamos con un niño de infantil podemos comprobar cómo suelen confundir estos conceptos y cómo les cuesta dar con el tiempo verbal correcto. "Ayer me he ido al médico", "mañana vine al cole"... Nosotros debemos, sin corregirlos directamente, darles la opción correcta. "Ahh que ayer fuiste al médico" "¿mañana vas a venir al cole?" Los niños ven al principio la sucesión de los días como "un todo" en el que van acontenciendo una serie de rutinas. Jugar con ellos a  comentar ¿qué hiciste ayer? ¿ qué has hecho hoy? y ¿qué te gustaría hacer mañana? puede ayudarlos. Si nos apoyamos en dibujos o pictogramas  será mucho más significativo para ellos.
  4. Antes-después. Muchos maestros y educadores seguro que han utilizado las secuencias temporales. Son imágenes de situaciones como el crecimiento de una planta desde la semilla, las escenas principales de un cuento... las cuales los niños deben ordenarlas en función de cómo van sucediendo los acontecimientos, en definitiva, qué ha ocurrido antes y qué ha ocurrido después.
  5. Las rutinas: Aunque a lo largo de nuestra vida son importantes porque establecen el orden en nuestra vida, en la etapa de Educación Infantil son imprescindibles. He observado cambios en la conducta, el sueño... de los niños, sólo modificando el orden de algunas rutinas o estableciéndolas correctamente. Por ello, conviene realizarlas siempre en el mismo orden porque esto le va a dar seguridad al niño, podrá anticipar qué es lo que va a ocurrir, qué puede esperar de la situación, porque por su experiencia, basándose en la repetición a lo largo de los días, siempre ha sucedido lo mismo. A veces comento con los padres que tampoco hay que obsesionarse con las horas (a las 19, 32 baño, a las 20,11 cena...), que lo único que realmente importa es el orden. Por otro lado, no está mal salirse de vez en cuando de la rutina (fin de semana, día especial...), pues los niños también deben enfrentarse a las situaciones sin tener esa certeza de qué es lo que viene después, la incertidumbre y la improvisación también hay que vivirlas​...
  6. Mucho tiempo- poco tiempo: Como en el ejemplo que he propuesto al principio del post, los niños de infantil no saben cuánto dura una situación de manera exacta, pero si pueden percibir si les ha parecido mucho o poco, aunque a veces la motivación y la percepción de los acontecimientos pueden variar el resultado. Por ello, me gusta trabajar con ellos el que cuenten mientras sucede algo ( cuánto tarda en caer una pluma al suelo, en ir un niño al baño...etc). Muchos momentos de nuestra vida cotidiana pueden sernos útiles para ello. Para casos como niños que son más lentos comiendo (por desinterés, no por incapacidad), recogiendo los juguetes...también suelo utilizar el reloj de arena, que es algo muy visual y van viendo cómo se consume la arena de la parte superior poco a poco... Podemos ponerles una medida ( 2 veces le doy la vuelta, 3...) Así verá que si hace las cosas de manera más rápida tardará menos y si va más lento, tardará más
  7. Respeto a sus tiempos. Debemos ser conscientes de la edad que tienen, su destreza al realizar determinadas actividades e intentar no caer en que ellos sigan nuestro ritmo de vida porque ellos llevan otro, más lento y, si nos paramos a pensarlo hasta nosotros deberíamos en algunas ocasiones frenarlo. Un niño disfruta y aprende de lo que ve, de lo que experimenta y, a veces, la motivación o el objetivo inicial del adulto no coincide con la del niño. Os pongo un ejemplo: pasamos cerca de un jardín lleno de flores de muchos colores, que el niño quiere coger, mirar, observar sus características, pero nosotros tenemos mucha prisa porque tenemos que hacer la compra y no nos va a dar tiempo. ¿Qué suele suceder en estos casos? Que se insiste al niño para que deje las flores, le metemos prisa y hasta le llegamos a coger para retirarle de ese estímulo y conseguir el objetivo que nos habíamos planteado desde un primer momento. Para esto y para muchas situaciones, siempre recomiendo a los padres que vayan con un margen de tiempo, que no vayan con el justo, pues esto te da pie a disfrutar con el niño, a solucionar un conflicto de manera adecuada y reaccionar de manera positiva, sin prisa. En este ritmo, estrés que llevamos en esta sociedad caemos en muchos errores por falta de tiempo. Debemos intentarlo y considero que ser conscientes de ello es el primer paso para el cambio. Espero ayudaros en este sentido.
El tiempo es abstracto y relativo hasta para los adultos, pero si ayudamos a los niños a comprenderlo, también aprenderán a valorarlo y respetarlo.

"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo" Mario Benedetti.




sábado, 25 de marzo de 2017

Inteligencia emocional: Las emociones en la vida del niño

Las emociones forman parte de la vida, de nuestro día a día. Todas son necesarias y tienen su función. Por ello, debemos enseñarles a nuestros hijos y alumnos a identificarlas, gestionarlas y vivirlas, todas, sin excepción, incluidas las que consideramos negativas: el miedo, la tristeza, el enfado...
Por sobreprotección, hay una tendencia  a evitar estas últimas: no queremos que estén tristes, que pasen malos ratos... nos gustaría que estuvieran felices y contentos todo el tiempo. Pero esto no es real, la vida no es eso, ni debemos crear la expectativa de que así debe ser.
La vida es un compendio de situaciones que conllevan emociones, momentos agradables, menos agradables y de nosotros depende el cómo gestionarlos para adaptarnos, aceptarlos y aprender en el camino.
Así, en este post,  quiero daros sugerencias sobre cómo trabajar las emociones con los niños:

  • Para identificarlas en uno mismo:
  • Cuando los niños no saben hacerlo todavía, debemos ponerles nombre nosotros "¿qué te pasa estás triste? ¿ te has enfadado?"
  • Un libro que nos puede ayudar a esto es "El monstruo de colores" de Anna Llenas. Donde éste tiene todas las emociones desordenadas y una niña le ayuda a ponerlas cada una en su sitio e identificarlas por colores. También está el "Emocionario". Os dejo este enlace donde podéis ver cómo trabajar con él por tramos de edad.
  • www.palabrasaladas.com/emocionario.html


  • Para reconocerlas en el otro:
  • Podemos hacerles reflexionar acerca de lo que les puede pasar a los demás. "Mira qué contento está tu hermano" "Eso que acabas de hacer no me ha gustado, me has enfadado" "¿Has visto lo triste que se ha puesto tu amigo cuando le has quitado el juguete?"
  • Es importante que sean conscientes de las emociones de los demás, esto les ayudará en sus relaciones sociales pues la interacción con otra persona depende también de las emociones que intervengan.

  • Para expresarlas:
  • Un ejercicio que me gusta mucho es el de expresar cómo nos sentimos, al comenzar el día o al terminar. Como he comentado antes, podemos ayudarles a hacerlo si son muy pequeños, verbalizándolo nosotros.
  • Realizar un diario de las emociones de cada día, donde dibujaremos cómo nos sentimos: con caritas, colores (podemos basarnos en los del "monstruo de colores")...
  • Tener un momento al día de conversación nos puede ayudar y podemos establecer una rutina de comunicación que fomente la confianza.
  • Si queremos que expresen lo que sienten, debemos mostrarnos interesados hacia lo que nos cuentan, escucharles, sin juzgar, dedicarles un tiempo. Esto hará que en un futuro cuando tengan un problema tengan la confianza de contárnoslo.

  • Para gestionarlas:
  • Éste es un aprendizaje que realizaremos a lo largo de nuestra vida, con las situaciones que nos vayamos encontrando. Por ello, como he comenzado hablando en este post, no debemos evitar ciertas situaciones porque nuestros hijos no experimenten emociones, que nosotros consideramos negativas (la tristeza, el miedo, el enfado...). Traducido en situaciones sería lo siguiente: no ceder ante algo que sabemos que el niño no debe hacer, porque se vaya a enfadar o tener una rabieta; no evitar situaciones que le den miedo (no asistir a fiestas porque al niño le den miedo los globos, los payasos...); ocultar información porque el niño se pueda poner triste (no decirle que se ha muerto su mascota).
  • Debemos acompañarles para que aprendan a gestionarlas, pero deben vivenciarlo ellos mismos. Ante una situación como las que he descrito anteriormente, intentaremos racionalizarla y darle una explicación coherente y adaptada a su pensamiento sobre lo que ha pasado y lo que experimenta.
  • Que vean cómo lo hacemos nosotros, cómo también vivimos diferentes emociones,  que no siempre estamos contentos. A veces me preguntan los padres que si hay que ocultarles que lloramos, por ejemplo. No pasa nada porque nos vean llorar en un momento determinado, eso nos hace humanos, los papás también nos ponemos tristes y llorar es una manera de expresarlo. Es una emoción más. Evidentemente, no vamos a cargar al niño con nuestras preocupaciones, pero si podemos decirles que estamos tristes porque hay algo que nos ha puesto así, sin más, pero que no pasa nada, que es algo normal.
  • Somos modelos, ellos copiarán la conductas que realicemos ante determinadas situaciones, que no se nos olvide.
 La educación emocional es tan o más importante que la adquisición de conocimientos porque sin ella no podremos desenvolvernos ni hacerlos útiles. Por tanto, no la dejemos de lado.
"Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto" Aristóteles
                                      
                                                Y tú, ¿cómo estás hoy?


sábado, 11 de febrero de 2017

Deberes: tener o no tener, esa no es la cuestión.


La polémica que ha suscitado el tema de los deberes en este país, ha abierto de nuevo la brecha entre padres y profesores. Y, realmente, quizás no sea éste el verdadero problema de la educación en España. La falta de unidad educativa entre todos los agentes que intervienen en la educación  de nuestros hijos, es patente y, ahí es desde donde deberíamos comenzar a trabajar.

 Pero, partiendo de mi opinión personal, en cuanto al tema que nos ocupa: los deberes; sinceramente, a mí no me parece que deban desaparecer, tienen su función.

Que el alumno sea capaz de:
  • buscar información utilizando distintos recursos*
  • crear un hábito de trabajo diario
  • organizar su tiempo
  • saber cuáles son sus limitaciones y sus dudas respecto a una materia concreta
  • afianzar lo aprendido en clase
  • resolver situaciones y problemas de manera autónoma
  • adquirir recursos de aprendizaje que le servirán para su vida: escolar o personal.

Pero para cumplir todo esto deben ser:

  • Asequibles: que el niño pueda realizarlos por sí mismo, de manera autónoma. Es muy necesario que tenga su momento solo para la realización de estas tareas. Que puedan consultar a los padres una duda, es normal, pero no debemos caer en que éstos se sienten todos los días a hacer los deberes con su hijo. Me he encontrado en alguna ocasión ejercicios realizados perfectamente o corregidos en casa por los padres.¡ No pasa nada si el niño se equivoca o no lo sabe hacer ! Lo importante es que le haya servido para conocer sus limitaciones, o ver que hay algo que no entiende para planteárselo al profesor al día siguiente. También pueden utilizar otros recursos como la consulta a libros, internet, compañeros que dominan mejor la materia...
  • Significativos: que persigan un objetivo real de aprendizaje, que le aporten experiencias que complementen lo que se ha trabajado en el horario lectivo.
  • Dirigidos al momento evolutivo y de aprendizaje en el que se encuentra el niño. Cuanto más personalizados sean mejor, se deberían individualizar de alguna manera, en función de las necesidades educativas de cada niño. ¿Por qué limitar a un niño que puede ir más allá a quedarse estancado en su aprendizaje? ¿u otro que necesita actividades de refuerzo porque no ha asimilado un concepto todavía? Por cuestiones de ratio, sabemos que es difícil, pero de esta manera también podemos llegar a esa enseñanza individualizada y heterogénea que llevamos tiempo persiguiendo.
  • No excesivos. Evidentemente, el que trabajen  en las tareas un tiempo razonable para su edad al día y en el fin de semana, lo veo necesario para crear un hábito de trabajo, responsabilidad y aprender a organizarse el tiempo. En infantil y primaria, deben también tener tiempo para jugar, relacionarse con otros niños, fuera del ámbito escolar, y descansar. Cargar a los niños con tareas, deberes, actividades extraescolares de manera exagerada, les quita de adquirir otros aprendizajes para la vida que son necesarios: las habilidades sociales. Si tenemos muchos conocimientos, pero luego no sabemos transmitirlos, desenvolvernos en el día a día de nuestras vidas... de poco nos van a servir. Por otro lado, propongo que exista una coordinación real entre los profesores que imparten diferentes materias, para no cargar excesivamente a los niños en este sentido.
  • Motivadores. En vez de  una carga, transmitir a los niños algo interesante, un reto, conectar realmente con sus intereses, eso es lo que debemos perseguir.
  • No confundir con otro tipo de actividades en los que se pide la colaboración de las familias. Cuando se pide, por parte de los profesores que hagan actividades juntos (Felicitación de Navidad, figura para una exposición,...) lo que se persigue es que se haga entre todos,  juntos, que pasen ese momento e imaginen cómo lo van a hacer...etc, no hace falta que quede perfecto, ni que sólo lo hagan los padres.


Resultado de imagen de los deberes


Cada uno tendrá su visión y opinión al respecto. Me gustaría que la diéseis en los comentarios del blog.
De todas formas espero haberos dado una visión completa y diferente de este tema, que parece que está de plena actualidad.


*En la búsqueda de información o ayuda, de manera autónoma, por parte de los alumnos, he descubierto una página que se llama TUTORBOX.  Aunque, está más dirigido hacia alumnos de secundaria en adelante, es un recurso para consultar sus dudas de manera inmediata o a corto plazo, donde pueden ser respondidos por tutores profesionales u otros compañeros a los que se les da bien una materia determinada. Parece una buena idea ¿no? 


lunes, 2 de enero de 2017

El miedo en la infancia

Suenan los petardos en esta época de la Navidad,  personas disfrazadas de Papa Noel,  de los Reyes Magos, las luces, la música... Aunque  por un lado pueda parecer mágico, hay niños que pueden tener miedo a  estas situaciones.
Muchos padres y madres intentan evitarles pasar ese mal momento, a veces hasta tal punto, que no asisten a actos o situaciones donde saben que va a existir ese estímulo que pueda producir el miedo en su hijo.

El miedo es una emoción más que el niño debe experimentar, tiene su función en la supervivencia del hombre, ya que nos advierte de situaciones peligrosas para nosotros, pero no hay que huir de él.

Los miedos más comunes en la infancia son los siguientes:

  • A la oscuridad
  • A los perros u otros animales
  • A los globos
  • A las personas disfrazadas
  • A los monstruos
  • Al médico
  • A los ruidos...
Aunque lo ideal es una intervención individualizada por parte de un profesional si llegase el momento, os plantearé en líneas generales cómo deben trabajarse los miedos:

  1. No evitarlos. A nadie le gusta ver a su hijo pasarlo mal, pero evitar no es la solución, hay que enseñarles a enfrentarse a sus miedos. A veces se instauran miedos por cómo han actuado los padres al respecto. En esos primeros momentos hay que intentar estar hasta que pase el momento que le de miedo o se vaya adaptando a la situación. Si salimos huyendo, reforzamos el pensamiento de que la situación es peligrosa.
  2. Nuestra actitud también es importante. Depende de cómo nosotros reaccionemos ante el miedo de nuestro hijo: si nos ponemos nerviosos, si le sacamos de dónde esté, si anticipamos la situación ( "mira hay un payaso, ya verás cómo se pone a llorar")
  3. Racionalizar ese miedo: Se suele tener miedo a la situación que todavía no ha ocurrido, por ello debemos razonarle que no tiene por qué pasar lo que está pensando.
  4. Acercarle poco a poco al estímulo que le da miedo, acompañarle es importante, no tiene por qué enfrentarse él solo. Dividir la actividad en pasos y/o aumentar progresivamente el tiempo (Desensibilización sistemática). Si le dan miedo los perros: primero tocarle el lomo sin que vea la cara del animal, después  viéndole, así hasta que ya no necesite que vayamos con él y quiera tocarlo él sólo.
  5. Dialogar acerca de su miedo. No ha que decirles que no tengan miedo, más bien la frase más correcta sería "Sé que tienes miedo, te entiendo, es normal, pero vas a ver que no pasa nada de lo que crees que va a pasar". Hablar de cómo se sienten les ayudará a poner nombre a la emoción, a comprenderla y establecerá una comunicación de confianza entre nosotros.
  6. Cuando el niño se haya enfrentado a la situación, hacerle consciente del paso tan importante que ha dado y cómo efectivamente no ha ocurrido nada peligroso. "Estoy muy orgullos@ de ti, ¿a qué estás más contento?, ¿has visto como no ha pasado nada?"
  7. Hablarle de nuestros miedos y cómo nos enfrentamos a ellos. Normalizando el sentir miedo, que aunque no sea agradable, es una emoción también necesaria.
  8. Si el miedo bloquea al niño de tal manera que le afecte a distintos ámbitos de su vida, es recomendable consultar con un especialista.
Post tras post, os propongo posibilidades de actuación ante determinadas dificultades, dudas que os pueden surgir... Pero recordad que no hay recetas mágicas, es decir, hay muchas maneras de hacerlo y cada uno debe dar con el más adecuado para su hijo. Nadie mejor que vosotros les conocéis.
Espero que una vez más os haya podido ayudar con la información que os planteo en el primer post del año.